Hace
tiempo me tocó visitar a un amigo enfermo; al verle, le pregunté que qué tal
estaba. El me dijo que bien, que se encontraba bien,
Recibía
un tratamiento muy agresivo para su enfermedad, y me había llamado para ver si
podía contrarrestar los efectos secundarios de dicho tratamiento.
Pero su
respuesta no hacía alusión a la cara que tenía; aún así, callé y me dediqué a hacer
mi trabajo para regresar, si me volvía a necesitar, cuando él dijera.
-¿Qué tal
estás?-, le pregunté la siguiente vez que tuve que visitarlo.
-Bien,
estoy bien - me contestó él.
Pero la
fuerza en su voz se apagaba por momentos, y sus ojos, entreabiertos, apenas le
dejaban ver. Yo no dije nada. Hice lo que pude. Me despedí de él, y me fui esperando
su llamada.
De
nuevo me llamó; y allí estuve. Está vez al verle no le quise preguntar nada,
era evidente que me iba a decir lo de siempre: que estaba bien.
-¿No me
vas a preguntar cómo estoy?-, me preguntó con una voz que parecía un susurro.
-No, esta
vez no
-¿Por
qué? – insistió.
-
Siempre que vengo me dices que te encuentras bien, y no es verdad.
- ¿Y qué
quieres que te diga, que me estoy muriendo?
-
Simplemente la verdad.
-Pues
estoy jodido, muy jodido; y ya no tengo ganas de seguir luchando. Me estoy
muriendo, ¿sabes? - en ese momento se echo a llorar – ¿Ya estás contento?
-No,
pero al menos me quedó tranquilo habiéndote oído decir la verdad.
-¿Y tan
importante es decir la verdad? – me preguntó
entre sollozos
- Si te
quieres curar sí. Diciendo lo que dices
tan sólo te engañas a ti mismo, y engañándote a ti mismo creas una
contradicción entre tu organismo y tú. Y
así, difícilmente te podrás curar. Te necesitas a ti mismo para curarte, los demás tan sólo somos pequeños guías en el
camino hacia tu recuperación. No vuelvas a engañarte; nadie de los que estamos
aquí contigo necesitamos oír de tus heroicidades. Di siempre la verdad, aunque
no siempre sea agradable ni oírla ni decirla. No confundas nunca la mentira con
intentar ser positivo.
Hubo un
silencio, el cual aproveche para ponerme a trabajar. No hablamos en todo el
rato que estuve allí. No hizo falta. Me fui con la incertidumbre de no saber si
me volvería a llamar. Quizás había sido demasiado duro pero, fiel a mí mismo, yo
debía ser el primero en decir la verdad si quería dar ejemplo para que él
también la dijese.
Gracias
a Dios me equivoqué, porque me volvió a llamar. Y no me llamó una vez, ni dos,
ni tres, sino que me hizo ir a verle hasta que se curó.
Eso sí,
cada vez que le veía y le preguntaba cómo estaba, siempre me dijo la verdad.
Kriya yogui
Rafael Santamaría
@kriya_yogui

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