viernes, 23 de mayo de 2014

CONCIENCIA; original de Rafael Santamaría

Todo fue creado a partir de una Conciencia única.
El pensamiento es una forma limitada de conciencia.
La verdadera conciencia va más allá del pensamiento.
Tu mente es el portal a tu conciencia, pero la conciencia no es mente.
A la conciencia que se identifica con el cuerpo se le denomina ego.
En el alma está tu conciencia espiritual.
La realización del Ser, no sólo es el despertar de la conciencia espiritual de tu alma, sino la unión de ésta con la Conciencia que lo impregna todo.
La vida en el plano material está concebida para el despertar de la conciencia espiritual de cada alma.  Cada uno va despertando su conciencia espiritual según evoluciona el desarrollo de la sensibilidad de ésa conciencia espiritual.
La sensibilidad de la conciencia espiritual se halla en el corazón cuando éste se encuentra libre de todo deseo.
Tus deseos son las necesidades que te genera tu ego.
La intuición es la sabiduría del alma, ésta sabiduría es una memoria espiritual que da acceso al Conocimiento.
El Conocimiento es la uva de la vid que conduce a la realización del Ser.
Pero el Conocimiento sin la sensibilidad de un corazón carente de todo deseo acaba siendo mera filosofía.
El Conocimiento requiere pues de la sensibilidad del corazón para la realización del Ser.
En la realización del Ser el amor lo impregna todo.
El amor es la unión de Conocimiento y Sensibilidad (corazón)
Cuando el amor es el que realiza las acciones el apego al resultado de las mismas desaparece.
Cuando el apego desaparece, el alma se libera de sus ataduras carnales.
Para el común de las almas encarnadas la conciencia espiritual se despierta a través de experiencias traumaticas, o vivencias de naturaleza conflictiva para nuestro ego.
La almas encarnadas que gozan de una menor amnesia espiritual son incitadas por una inquietud interior (proveniente de su corazón) al despertar de la conciencia. Normalmente estás almas vagan en busca de conocimiento hasta que su inquietud es más grande que su ignorancia espiritual.
Rafael Santamaría

jueves, 22 de mayo de 2014

EL PROPOSITO DE TU VIDA, ENCONTRAR A DIOS; original de Rafael Santamaría


- Sientate hijo, te voy a contar una historia.
- Papá, he quedado.
- No tardaré mucho. 
- Cuánto es no tardaré mucho para ti?
- Llegarás a tiempo, no te preocupes; relajate.
- Si claro, relajate; como a ti no te están esperando...
- Necesito contarte una cosa.
- Pero ahora!
- Nunca hay otro momento que no sea ahora.
- Está bien. Me dejas tu teléfono para llamarles y decirles que llegare un poco más tarde?, el mío se ha quedado sin saldo.
- Confía en mi; no tardaré. Anda, sientate.
Cuando estaba en la universidad conocí a un muchacho muy, muy peculiar. Lo conocí en la biblioteca de mi universidad; decía que se venía a estudiar allí porque allí se podía concentrar mejor que en la biblioteca de su facultad. Él fue el que me ayudó a entender mejor el álgebra, y a aprobarla; y eso que él estudiaba medicina. Bueno cuando yo le conocí ya estaba terminando, y eso que no era mayor que yo, pero le urgía terminar lo antes posible, pues su madre había enfermado años atrás de una enfermedad desconocida y él había prometido curarla.
- Eso es de una peli!, papá. No te quedes conmigo.
- Déjame terminar. Nuestra amistad fue tan grande que aún cuando él ya había acabado la carrera y ya no iba por la universidad, nos seguíamos viendo. El estado de salud de su madre empezó a empeorar por momentos, y él, que por aquel entonces se volcaba en cuerpo y alma en encontrar un remedio a la enfermedad de su madre, se vino abajo; y una noche me dijo:

- No tiene cura; o al menos yo no he sabido encontrársela.
- No te culpes.
- Si no me culpo, sólo que mi madre se está muriendo y yo no soy capaz de hacer nada para evitarlo. Sólo un milagro podría salvarla.
- Qué tipo de milagro?- le pregunté yo.
- Conoces a Dios?- yo no contesté- creo que en estos casos si no conoces a Dios estás perdido porque sólo Él puede salvarla.
- Qué te llevaría conocerle?
- Acaso bromeas?, acaso crees que se le puede conocer así como así?
- Si los grandes santos le conocieron por qué tú no?
- Porque no soy ningún santo!
- Conseguiste sacarte una carrera en tres años; qué problema tienes?
- No es lo mismo.
- Por qué no es lo mismo?
- No compares.
- Todo está en tu mente. Si tuviste la fuerza de voluntad para concentrarte y estudiar día y noche, por qué no utilizas ésa misma concentración para meditar?
- Y qué conseguiré?
- Hablar con Él de tú a tú. Quizás entonces te escuche y el milagro ocurra.
- Pero..., pero no hay tiempo. Mi madre se está muriendo.
- Puedes retrasar con fármacos su muerte?
- Si, creo que si.
- Entonces, ni lo dudes. Empieza desde ya a meditar.
- Y cómo se hace éso?. Yo no sé meditar.
- Tú me enseñaste álgebra; ahora me toca a mi enseñarte a ti a meditar.

No conocí nunca una persona más disciplina y tenaz. Lo dejó todo por encontrar a Dios a través de una noble causa.
- Y qué pasó?, papá.
- Pero no decías que era una peli; deberías conocer el final.
- Papá!
- Mi amigo conoció lo que iba buscando.
- Conoció a Dios?
- Despertó su conciencia espiritual y la unió a Dios. Si, le conoció. Se realizó a sí mismo. Pero la madre murió.
- Y éso?
- No llegó a tiempo.
- Pero no podía haberla resucitado? No sé, se me ocurre a mi. No sé si eso es posible; pero como se dice que para Dios no hay nada imposible.
- Verás, al poco de morir su madre, yo le hice ésa misma pregunta. La misma que tú acabas de formular: "por qué no has orado a Dios para que te la devolviera"
- Y qué te contestó? papá
- Él me dijo:

"Sabes?, el propósito de la grave enfermedad de mi madre nunca fue que yo estudiara medicina, o que yo fuera el mejor médico y encontrará así el remedio a su enfermedad, estaba equivocado, aunque es cierto que eso me ayudó a cultivar algo que sin ello no hubiera tenido el coraje de hacer lo siguiente, que era buscar a Dios. El propósito de la grave enfermedad de mi madre era despertar en mi la ocasión de busca a Dios y que no dejar de hacerlo hasta encontrarle gracias a la ferrea disciplina que había adquirido durante mi etapa en la universidad. Justo cuando mi madre falleció entendí ésto que ahora te estoy contando. Todo tiene su por qué; hasta el que yo te enseñará álgebra, porque así luego tú me enseñarías a mi a meditar. Gracias amigo"

- Papá, cuándo me vas a enseñar a meditar?
- No habías quedado con unos amigos?
- Sí, pero hay cosas más importantes a las que nunca se las debe hacer esperar.
Rafael Santamaria

sábado, 17 de mayo de 2014

EL AMOR DIVINO; original de Rafael Santamaría


-Maestro; ¿cómo puede surgir el amor divino en los hombres?
-Te lo explicare a través de la misma fábula que un buen día me contó a mi Maestro.


A orillas del gran río de los Miedos; entre los grandes macizos montañosos de nuestros Complejos y las Criticas; allí, en las áridas tierras sin frontera donde se acaba el ego; dos muchachitos se encontraron el uno al otro. 

- ¿Qué pasará si cruzo? - dijo uno.
- Tendrás que cruzar para saberlo - contestó el otro.
- Pero me han dicho que no debo cruzar.
- Entonces no cruces.
- Pero yo no veo que sea malo cruzar.
- Entonces cruza.
- ¿Pero qué es lo que hay al otro lado para que no cruce?
- ¿Qué te dijeron que había?
- No me dijeron nada, tan sólo que no debía cruzar nunca.
- ¿No te dieron nunca una explicación?
- Que era malo.
- ¿Y por qué es malo?
- Eso nunca me lo razonaron.
- ¿Que es malo porque sí?
- Si, algo sí.
- Entonces no puedo ayudarte.
- ¿Tú has cruzado?
- Yo vivo allí.
- ¡En serio!
- Si.
- ¿Y qué haces aquí?
- Lo mismo que tú quieres hacer allí; conocer.
- ¿Y qué quieres conocer de aquí?
- Me dijeron que nunca cruzara...
- Pues como a mi.
- ...que en el otro lado no iba a encontrar nada bueno.
- Aquí la gente no es mala.
- Allí tampoco.
- ¿Por qué crees que nos dicen esas cosas?
- Para que no crucemos.
- Ya, ¿pero para qué?
- No lo sé.
- ¿Tú cómo te llamas?
- Conocimiento.
- Que nombre más raro.
- ¿Y tú?
- Corazón.
- Pues anda que el tuyo.
- Aquí todos nos llamamos igual.
- Allí también nos llamamos todos igual.
- Y por qué no querrán que los corazones conozcan al pueblo del conocimiento.
- Pues supongo que por lo mismo que no quieren que nuestro conocimiento os conozca a vosotros: los corazones.
- Hace tiempo encontré esté manuscrito enterrado cerca de los límites que no nos dejan pasar. Leerlo fue lo que me ánimo a cruzar.
- ¿Y qué dice?
- Que si un día un corazón cruza sus propios límites auto impuestos encontrará el Conocimiento.
- Yo también encontré hace tiempo un manuscrito que es el que me ha llevado hasta aquí.
- ¿Y qué dice?
- Que si un día el conocimiento cruza sus propios limites auto impuestos encontrará su Corazón.
- Dice lo mismo que el mío pero al revés.
- Si.
- ¿Y qué significará?
- No lo sé.
- Tú a mi me gustas. Me caes bien.
- Tú a mi también.
- ¿Y éso será bueno o malo?
- ¿El qué?
- Que nos gustemos.
- A mi no me suele gustar mucha gente.
- A mi tampoco.
- Pero tú sí.
- Lo mismo digo.
- ¿Tú crees que es el destino?
- ¿Qué es éso?
- En mi pueblo se dice que el destino es aquello que te tiene que pasar.
- No lo sé.
- ¿Y ahora qué hacemos?
- ¿A qué te refieres?
- A mi me apetece quedarme contigo.
- Y a mi contigo.
- Entonces...
- ¿Entonces qué?
- ¿Que qué hacemos?
- Pues yo creo que deberíamos hacer lo que en este caso sentimos que nos apetece, porque no creo que sea malo.
- Yo también lo creo así.
- Entonces..., ¿nos quedamos juntos?
- Vale.
- Y qué pasará si salen a buscarnos nuestras respectivas familias.
- A lo mejor algún día con nuestro ejemplo conseguimos que todos los corazones crucen sus propios límites en busca de conocimiento...
- O que todos los que tienen conocimiento algún día busquen cruzando sus propios límites lo que hay en sus corazones..

-¿Has entendido? Tu conocimiento ha de salir en busca de tu corazón superando sus propios límites auto impuestos por él, sobre todo sus miedos; y tu corazón ha de salir en busca de tu conocimiento superando sus propios límites auto impuesto también por él. Sólo así surgirá en ti el amor divino.

Rafael Santamaria

AMA, NO PIENSES; original de Rafael Santamaría

En cierta ocasión vino a verme una persona. 
Me preguntó que qué era el amor para mi. 
Yo no le contesté. Tan sólo guardé silencio y le amé. 
Pero aquella persona no entendió nada, y se fue decepcionada. 
En otra ocasión vino a verme otra persona, y me preguntó que qué era el amor para mi. 
Yo no le contesté. Guarde silencio, y le amé. 
Al irse, vi que se iba mejor: más alegre, más contento; en definitiva, más feliz. Entonces, antes de salir por la puerta se dio la vuelta y sonriendo me dijo:
-Pensaba que el amor era otra cosa.
Yo le contesté:
-Ama. No pienses.
Rafael Santamaria

lunes, 5 de mayo de 2014

MEDITA TÚ TAMBIÉN; original de Rafael Santamaría


Deberías meditar para sentir la paz que hay dentro de ti; una vez que consigues sentir esa paz, deberías intentar mantenerla (esa paz) siempre y en todo momento; así, cada vez que meditarás tu paz seria más y más profunda; y cuanto más profunda fuese esa paz, más cerca estarías de alcanzar el Reino de los Cielos, o Reino de la Paz Interior. 
Cuando un devoto hace de su Paz Interior su morada, dicho devoto, aunque está sujeto a las variaciones que modifican constantemente la naturaleza y los acontecimientos que rodean a ésta naturaleza (porque vive en ellos), dichas variaciones no le afectan; pues el mundo dual y el mundo de las emociones sucumben ante el estado de gozo que supone vivir en la profunda dicha inmortal de la paz interior que anida dentro de cada ser humano.
Quien no vive en esa paz (interior), y mucho más, quien no conoce esa paz interior, está siempre sujeto a la dualidad y variabilidad del mundo fenomenico (de los fenómenos), y a las modificables y siempre cambiantes estructuras mentales que pasan por su cabeza (pensamientos) en virtud de sus deseos y a sus consiguientes vibraciones energéticas: las emociones; o dicho de otra manera, estará sujeto a las convulsiones energéticas con las que un pensamiento manifiesta su torrente energético vibracional a través del cuerpo humano en el que se manifiesta; para más tarde, cuando la emoción se hace "ingobernable", la enfermedad aparece.
El hombre que emite una opinión, sea cual fuere, está sujeto a las consecuencias de esa opinión, ya que ella (la opinión) proviene de un esquema mental que contribuye a gestionar unos hábitos mentales (es la pescadilla que se muerde la cola); pero quien evite opinar guardándose de todo juicio no estará sujeto ni a patrones ni a reglas de conducta impuestas por su forma de pensar (de enjuiciar), ya que no tiene.
El "Observador", observa en todo momento sin ánimo
de juicio. Todo lo comprende porque no busca sacar una conclusión de cada cosa a través de sus juicios. No necesita "etiquetar" (enjuiciar) las cosas para creer que las comprende; que las comprende, claro está, desde su punto de vista (desde su perspectiva juiciosa)
El hombre que enjuicia necesita de sus juicios para etiquetar cada cosa, y así, etiqueta y acaba enjuiciando hasta su propia vida; siendo víctima de sus propios juicios; juicios que no son sino estructuras mentales arraigadas en formas de pensar tan sumamente rígidas e implantadas en ellos que prácticamente se manifiestan inconscientemente, es decir, que se manifiestan sin que el sujeto que emite el juicio o pensamiento sea consciente de ello: de que está emitiendo un juicio (lo ve algo normal: lo hace de forma inconsciente) 
Cuando alguien pregunta la edad normalmente lo hace para clasificar (etiquetar) a la persona sobre la que pregunta la edad en un rango previamente establecido por él que obedece a una estructura mental creada por su ego.
El "Observador", aquel que sólo observa, no pregunta la edad de la persona que está conociendo (o no le pregunta la edad con ánimo, con la intención, de etiquetarla) porque la está conociendo justo gracias a éso: a que no la ha enjuiciado previamente desde ninguno de los parámetros con los que la podría etiquetar; pero para poder ser como el "Observador" hay que practicar la observación lejos de todo juicio y/o actividad mental; hay que practicar la mera y simple observación; y una de las maneras más eficaces de practicar la observación es meditando: es enfocando nuestra atención en la observación de "Nosotros Mismos" en vez de entregar nuestra atención a nuestros pensamientos (o juicios)
El meditador observa la actividad de sus pensamientos, pues es consciente de ella (circunstancia ésta que en la vida diaria de una persona que no medita no se da) pero no le entrega su atención a dicha actividad mental, sino que pone el enfoque de su atención allí donde mora la energía que sustenta la verdadera vida: en el eje de la columna vertebral. A base de no entregar su atención a dicha actividad pensante, la actividad mental "muere", o desiste, por falta de atención, ya que el alimento de cada pensamiento es la atención que se le presta. 
El meditador consigue así desbancar al ego del trono que por derecho propio le pertenece. Una vez que el meditador es de nuevo dueño y señor de Sí mismo ve la vida como lo que verdaderamente es, y no como sus patrones y estructuras mentales se la habían diseñado para él basándose en juicios y parámetros totalmente egocéntricos: patrones mentales que giraban en torno a su ego.
Cuando el meditador se libera de su ego ya no ve ego en los demás (no ve su ego en el espejo que son los demás para él), sino que se ve a Sí mismo en los demás; un Sí mismo cargado de la verdadera naturaleza de la que se compone: Amor. Viendo el mundo desde esa nueva perspectiva: el amor, nada se hace censurable, nada se hace merecedor de una opinión, ni está sujeto a juicios.
Como ves no estaba en ningún sitio, tan sólo estaba meditando, es decir, viéndome y viendo el mundo con otros ojos: con los del Amor.
Medita tú también.
Rafael Santamaria

sábado, 29 de marzo de 2014

EL DIOS DE NUESTRA ÉPOCA: LA MEDITACIÓN; original de Rafael Santamaría

Para muchos, parecería que en estos tiempos que corren, con todos los adelantos tecnológicos y la sociedad de consumo en la que está inmersa la conciencia del hombre, Dios se hubiera quedado a tras porque es de otra época. Pero si lo miran ustedes bien, desde hace 2000 años para acá, tan sólo ha cambiado el entorno de la vida del hombre: sus casas, sus edificios, sus ciudades,..., en definitiva, todo lo que le rodea, (o de lo que se rodea); nunca se ha producido un cambio interno; prácticamente seguimos teniendo el mismo comportamiento, y seguimos siendo manipulados y gobernados con los mismos fines que por ejemplo en la época de los romanos: "pan y circo"
En muchos de los países desarrollados, al tener una mayoría de gente que aún asocian a Dios con la llegada de uno de los últimos grandes Maestros que se encarnó en este plano: Jesús, la evolución de la conciencia humana ha quedado relegada a aquel momento de la historia de la humanidad.
La ciencia se ha apoderado de la mente del hombre. Este hecho no es un hecho negativo para el desarrollo y entendimiento del hombre, pero le ha hecho depender demasiado del razonamiento y la demostración empírica bloqueando así su parte sensitiva. Pues todos los adelantos se han producido en el campo de la investigación científica, llevando así a la desnaturalización del hombre debido cada vez más a su falta de su sensibilidad.
Los sentimientos del hombre han quedado relegados a un estudio estadístico ya que la ciencia lo único que puede decir acerca de ellos son las sustancias químicas que segrega nuestro cerebro ante la variedad de los distintos sentimientos que parejos a las emociones hacen su entrada en el día a día de la vida del hombre, por lo que se puede deducir que se nos trata en "masa" o como a un número (estadísticamente hablando) aunque nosotros creamos, porque así nos lo hacen creer, que tenemos un trato diferente. Somos "durmientes" de una sociedad que nos tiene adormecidos.
Por otra parte, con todos los supuestos adelantos de los que goza la ciencia, el cerebro del hombre sigue siendo ese gran desconocido. Sabemos, como nos sucede con casi todo en la vida, "de qué está hecho" y "más o menos cómo funciona", pero no sabemos ni cómo utilizarlo, ni cómo sacarle rendimiento, salvo eso sí, para preocuparnos o crearnos una atmósfera de pensamientos negativos en la que nos sumergidos muchas veces creándonos nuestra propia película interpretativa ante los circunstancias que nos acontecen.
Pero si de nuestro cerebro se sabe poco, y pareciera por lo que se ve que ésto no es importante o que a nadie le importa mucho, cuando éste, nuestro cerebro, es el motor de nuestra vidas, del amor no es que no se sepa poco, es que aún no sabemos nada.
Si ustedes se hacen preguntas, verán que siempre aparecen tres interrogantes que son el pilar de la respuesta a sus preguntas: Dios, la mente (o cerebro) y el amor; justo, esos aún grandes desconocidos de nuestra época.
Intenten buscar a Dios, o a su mente, o el amor que hay en su corazones, a través de uno de los grandes motores de búsqueda que hay hoy en día (en internet): google, y la información que les llegará será algún tipo de invitación para unirse a alguna red social, o en su defecto, algún tipo de definición que conceptúa el motivo de nuestra pregunta para dándonos una "palmadita en la espalda" dejarnos tranquilos al haber encontrado "algo" en lo que se puede englobar tanto misterio: una definición, para que así nuestra mente se quede satisfecha entendiéndolo de esa manera tan limitada=a través de conceptos (conceptuando las cosas)
Las religiones siempre han intentado despertar el corazón del hombre cuando estas mismas religiones eran vírgenes a los intereses manipuladores con los que el hombre desfiguró el verdadero sentido de la religión llevándolo al vertedero de su egocentrismo.
Dicen que cuando el cielo se cubre de nubes se avecina tormenta, y que después de la tormenta el cielo siempre luce más nítido que antes.
Vivimos en tiempos revueltos que acechan tormenta. El chaparrón de la desilusión, la ventisca de una falta de moral y ética, y sobretodo, la ausencia de Sol (de Luz), es decir, la ausencia de amor en nuestras conciencias por la acumulación de nubes, de pensamientos oscuros o negativos, traerá como consecuencia la inminente tormenta de una falta de identidad propia, de una falta de identidad hacia nuestra verdadera naturaleza: nuestra alma.
Es hora de despertar, de dejar de ser durmientes de una sociedad, de unos hábitos, costumbres y valores que nos mantienen adormecidos en el costumbrismo de la inercia que nos marca nuestro ego.
La meditación ahonda en la verdadera naturaleza del hombre: el alma y la fuente de esa alma: El Espíritu (Dios). Quien medita y persevera en su meditación se encontrará ante sí mismo en el espejo de la auto realización.
Rafael Santamaria

miércoles, 19 de marzo de 2014

SI TE RELAJAS FLOTAS; original de Rafael Santamaría

"Si te relajas flotas" Esta es la frase que escuché en mi última meditación antes de absorberme en un estado indescriptible.
Me encontraba meditando guardando el más absoluto silencio en la más profunda quietud.
Concentraba toda mi atención en el flujo de la energía vital que recorría mi columna vertebral.
Llegado el momento, desconecte mi atención y me permití sentir.
Un estado mágico de paz me envolvía.
Después de un tiempo (el cual no sabría especificar cuánto) en este estado, empecé a sentir "una pérdida de control"
Era como si me estuviese mareando y me fuese a desmayar. Imposible!, por otra parte, pues estaba sentado y en perfecta quietud y consciencia.
Empecé a tener miedo a esa sensación que iba y venía: miedo a esa sensación de pérdida de control que se parecía a un mareo.
Entonces de repente, como si estuviera delante de una gran pantalla de cine, a través de una proyección mental, me vi en medio del mar agitando los brazos fuertemente para no ahogarme.
Mientras me veía en esa situación me preguntaba a mí mismo: "pero si yo sé nadar; qué ha pasado para que esté agitando los brazos y luchando por sobrevivir?"
Visualice la expresión de mi propio rostro luchando por no ahogarse, y estaba claro que por lo que me transmitía aquella expresión, no sabía nadar y tenía miedo a ahogarme.
Me angustie.
El paralelismo entre la angustia que me transmitía aquella proyección mental de que me estaba ahogando, y la sensación que tenía de pérdida de control de mí mismo en aquella meditación crecía cada vez más.
Empecé a sentir una especie de sudor frío que recorría ascendentemente mi columna vertebral yendo desde el coxis hasta el occipucio.
Una voz se dirigió a mi sueño: a mí proyección mental: "Si te relajas flotas. Fíjate en un muerto, un muerto flota en el agua.
Si te relajas, flotas"
Aquella voz tenía razón, los muertos no se ahogan, flotan. En ese estado de relajación en el que uno ya no lucha con nada, uno flota. Sólo tenía que dejarme llevar, pero mis miedos y mis luchas no me permitían creerme que si me relajaba flotaría, y sabeis por qué?, porque no estaba seguro de que supiera relajarme, es decir, de que supiera soltar mis miedos.
Mis miedos, mis inseguridades, y mis luchas internas, no me dejaban relajarme.
Pero no fue sino hasta ese momento en el que me di cuenta de que no sabía relajarme porque vivía con una tensión de la que no era consciente debido a mis miedos y mis inseguridades.
"Si te relajas flotas" me volvio a repetir la voz.
"Ayúdame!" le dije yo.
"No te hace falta mi ayuda. Si te relajas flotas"
"Por favor se lo suplico, me estoy ahogando. No aguantaré mucho más"
"Te ahogas porque quieres. Si te relajas flotas"
Centrado en mi lucha por intentar no ahogarme desoí los sabios consejos de aquella voz.
Empecé a tragar agua. El pánico me sobrecogio.
Grité una vez más: "Ayúdeme, ayúdeme, se lo suplicó!"
Pero aquella voz ni me escuchó ni me ayudó.
Entonces por primera vez en mi vida me relaje (Y eso que yo pensaba que sabía relajarme)
De buenas a primeras me vi flotando en el mar. No me había ahogado. Flotaba como flotan los muertos, pero estaba vivo.
Cuando quise darme cuenta (en mi meditación) observe que no estaba dentro del cuerpo. También había desaparecido la sensación de pérdida de control y el supuesto mareo.
Un monje me dijo una vez: "Meditas estresado, meditas esperando algo a cambio de tu meditación. Relájate, no esperes nada, tan sólo medita"
Cuanta razon tenia, ahora lo entiendo.
A ti te digo pues:
Para qué agitas fuertemente tus brazos y tus piernas ( para qué pones tu mente y tu cuerpo en estado de alerta) en medio del mar (en medio de tus asuntos personales los cuales vives como una continua agresión hacia ti )
Relájate (suelta), un muerto flota en el agua.
Aquel que se deja llevar entre las aguas de lo que la vida le quita y de lo que la vida le da nunca se ahoga, pues sólo quien acepta lo inevitable como parte de lo convenido para su evolución, progresa de acuerdo a un orden divino de las cosas.
Rafael Santamaría

sábado, 15 de marzo de 2014

A TI, QUE TE ESTAS CURANDO; original de Rafael Santamaria


Como siempre, buscamos la solución fuera como si ahí fuera estuviese la solución. Y es cierto que encontramos remedios, pero nunca la solución. La solución está dentro de nosotros, pues la verdadera solución somos nosotros mismos.
Que Dios más malo!, si no nos hubiera dado el potencial de podernos sanarnos a nosotros mimos, y no digo a través de remedios externos: hierbas medicinales, y en su defecto, medicamentos; me refiero al verdadero remedio: al remedio interno.
Hoy en día se empieza a dar de nuevo importancia a que es nuestra mente, a través de nuestros pensamientos, la que origina un estado de desequilibrio en el cuerpo al que llamamos enfermedad.
Hace miles de años ya se hablaba de ésto: "mens sana in copore sano." Si me preguntan dónde está entonces nuestra evolución, no tengo una respuesta.
Intentamos sanar un cuerpo a base de remedios externos sin modificar la estructura del causante de la enfermedad: nuestros pensamientos; por eso somos incapaces de resolver las grandes incógnitas de las enfermedades que aún asolan el cuerpo humano. Aplacamos la enfermedad, la manifestación (síntomas) en el cuerpo de nuestros pensamientos, haciendo que ésta mute hacia otras estructuras o, en su defecto, que se cronifique a través de la aniquilación del síntoma, o la disminución, hasta niveles inapreciables, de éste.
Si bajamos hasta niveles inaudibles el avisador acústico que nos indica que el coche se está quedando sin gasolina porque nos molesta dicho ruido, muy probablemente nos quedemos sin gasolina cuando menos los esperemos por no haber hecho caso a dicho sonido, que está ahí para eso: para informarnos.
Es cierto que la alimentación, como la gasolina lo es para un coche, es fundamental para el buen funcionamiento del cuerpo humano, pero en verdad el cuerpo humano se rige y obedece por el poder de la voluntad de sus pensamientos; así y de la misma manera un coche no funciona sin gasolina, pero el que lo estrella y/o hace que funcione mal es el conductor negligente, o el usuario que no cuida de él como debiera, y no la falta de gasolina, o la gasolina en mal estado, ya que ésta la introduce en el deposito de la gasolina el dueño del coche, y no el coche.
Cuando la conciencia modifica la estructura de los pensamientos, el cuerpo evoluciona enfermando.
La enfermedad y sus síntomas, siempre es freneda por los miedos mentales con los que el ego domina nuestra existencia corpórea: el miedo a la muerte. Ya que en nuestra "programación" mental (ego) nos han enseñado a identificar la enfermedad con la muerte, en vez de verla como un estado evolutivo de conciencia que se manifiesta entre otros, a través de unos síntomas en el cuerpo.
El miedo a enfermar es un miedo hacia nuestra propia evolución del que constantemente hacemos oídos sordos.
La enfermedad ayuda al cambio, pues la verdadera sanación es sinónimo de aprendizaje.
De qué otra manera puede el hombre aprender si no es a través de sus errores; y de qué otra manera si no, esos mismos errores pueden hacerse palpables, si no es a través del nivel de conciencia donde hoy en día el hombre aún tiene puesta su atención: el cuerpo.
Rafael Santamaria

jueves, 20 de febrero de 2014

EL EGO y LA REACCION; original de Rafael Santamaría

- Maestro, ¿usted nunca se enfada?, ¿ni un poquito tan si quiera?
- Ver las cosas sabiendo que lo que ves tan sólo es un reflejo de lo que piensas te hará entender que enfadarte es darle la razón a tu ego.
-Sí pero, y si le insultan o le ofenden; ¿tampoco se enfada?
- ¿A quién insultan, a mí, o a mi ego? Entiende bien hijo mío que nada de éste mundo puede ofenderte si sabes bien a quién va dirigida dicha ofensa.
- Osea, que según usted cuando me insultan están insultando a mi ego; ¿no es así?
- ¿Y a quién si no?  Si reaccionas hijo mío, estarás dando la razón a tu ego; y si das la razón a tu ego, sin saberlo te estás identificando con tu ego.
- Entonces si mi insultan, ¿qué tengo que hacer según usted?
- ¿Y por qué tienes que hacer algo? ¿No te das cuenta que desde pequeño se te ha enseñado a reaccionar?
- Pero si no reacciono pareceré tonto.
-¿A los ojos de quién parecerás tonto? ¿Acaso tienes que aparentar algo?, no sabía que tuvieras que aparentar ser algo. ¿No es mejor querer ser alguien que querer aparentar ser alguien? Piénsalo.
- Pues…, entonces, ¿me tengo que callar? Usted quiere que me calle, ¿no?
- No, yo no quiero nada; eso tienes que quererlo tú.
- Vale sí, pero entonces me callo y sigo como si no hubiera oído nada. ¿No es así?
- No, porque en verdad lo has oído. Sólo estás reprimiendo tu enfado, y si lo reprimes, más tarde o más temprano, acabarás pagando ese resentimiento con otra persona.
- Entonces, ¿qué quiere que haga? No le entiendo.
- Perdonarle.
-¡¿Perdonarle?!
- Has de entender que si él, su alma, supiera el daño que se está haciendo, no lo haría; lo que sucede es que su grado de ignorancia espiritual no le permite ver la Verdad de la vida.
- ¡Usted está loco!, Maestro; de verdad. Yo pensaba que con los tiempos que corren eso de poner la otra mejilla ya se había pasado de moda.
-Hay cosas que siempre son un clásico, hijo mío.
-¿Usted la pondría?, Maestro; me refiero a lo de la otra mejilla.
- Prefiero morir perdonando, que teniendo que ser perdonado.

Rafael Santamaría

miércoles, 19 de febrero de 2014

LA PAZ QUE MEDITO;original de Rafael Santamaría



Dedicado a las sabias enseñanzas con que mi Maestro me inició.





-Maestro, usted me dice:"Medita, tan sólo medita; que todo lo demás vendrá por si sólo"; y ya medito!, pero cómo sé que mi meditación es correcta si no observo nada?
-Qué sientes cuando meditas?, hijo mío
-Que qué siento cuando medito?
-Si, qué sientes?
-Paz?
-Esa paz que tú sientes es la conciencia de tu alma. Verás, hay tres tipos de conciencia: la corpórea, la mental, y la del alma. 
La mayoría de la gente tan sólo tiene una conciencia corpórea, es decir, tiene conciencia de su aspecto físico o cuerpo. Luego hay unos cuantos que sienten inquietud por saber de dónde vienen y a dónde van en éste periplo por la tierra al haber sido "despertados" por diferentes traumas que han ido padeciendo durante su vida, éstos, tienen una conciencia mental en lo que se refiere a que intentan a través de la observación de su mente descubrir la infinitud del Universo. Y por último están aquellos que transfieren su atención, su energía, a la paz que alcanzan cuando consiguen desatender los estados febriles de una conciencia corpórea y/o mental. 
Cuanto más profunda sea tu concentración en esa paz que sientes al meditar, cuanto más profunda sea tu concentración en tu alma, más te estarás desapegando de la conciencia ilusoria a la que eres sometido constantemente tanto por tu cuerpo como por tu mente. 
Una vez que gracias a la perseverancia y profundidad de tu meditación ahondes más y más en esa paz, la paz que alcanzarás cada vez será más profunda. 
Y será en esos estados de profunda paz donde tu alma: la paz que has descubierto que tú eres, por similitud a la profunda paz que cada vez encuentra con mayor facilidad y en la cual se reconoce, se expandira hasta hacerse una con esa que paz que ha encontrado existente en todo lo creado, es decir, se hará una con la Conciencia de Dios o paz de Dios en todo lo creado.
Ahonda pues en la paz que sientes cuando meditas hijo mío, que el camino que sigues es el correcto, pues sigues la estela de la paz que has encontrado en tu interior, es decir: tu alma.
Rafael Santamaria

miércoles, 15 de enero de 2014

APRENDIENDO A AMAR; original de Rafael Santamaría



-Maestro, por favor, enseñeme a amar.
-Acercate y ponte cómodo. Te contare una historia.

En cierta ocasión, en la corte del rey, con motivo del cincuenta cumpleaños de su majestad, llegaron a palacio un sin fin de comensales con los mejores regalos que un hombre pudiera imaginar. Bien sabido era por todos que al rey le gustaba recibir buenos regalos por el día de su cumpleaños, así que, por la cuenta que les traía, ninguno de los invitados escatimaba a la hora de agradar la vanidad de su rey si querían seguir conservando la cabeza entre sus hombros; ninguno salvo uno. Pues cuenta la historia que cuando llegó ante el rey el ultimo de los invitados al festín éste apareció aparentemente sin ningún regalo para el rey.
- ¿Y qué regalo me traéis que no lo veo ante mi?
-Majestad - dijo el hombrecillo, pues era más bien pequeño - yo os traigo amor. Ese es mi gran regalo.
-¡Cómo!-exclamó furioso- me tomáis el pelo?
-No, Majestad; es la verdad. Os traigo el mejor regalo que nadie jamás os haya podido hacer.
-¿Y dónde está?, yo no veo ninguna mujer.
-No son mujeres lo que os traigo Majestad, sino amor.
-¿Y cuál es la diferencia?
-La diferencia está en...
-¡Cortarle la cabeza!, ya he escuchado bastante; - le interrumpió el rey enojado-ese amor que me traéis no me sirve para nada.
-Lo dudo Majestad -replicó el hombrecillo.
-¡Cómo decís!
-¿Alguna vez habéis perdonado?-preguntó el hombrecillo
-¿Y para qué quiero yo perdonar a alguien?
-No podéis, no sabéis hacerlo; no tenéis amor para hacerlo. Ahora mismo habéis ordenado mi ejecución, vais a quitarme la vida, algo que podéis hacer y que puede hacer cualquiera; pero, ¿habéis probado a perdonar la vida a alguien?, no, nunca; porque no sabéis.
-¡Cortarle la cabeza! ¡Ya!-Gritó enfurecido el rey.
-Lo fácil no requiere esfuerzo Majestad, lo difícil es hacer lo que requiere el valor y la tenacidad de esforzarse. Cortarme la cabeza pues. Eso es lo fácil, Majestad.

Y tras unos segundos de silencio.

- ¡Esperad!- gritó de nuevo el rey- está bien. Decidme, ¿qué más puede hacer ése amor que decís ademas de perdonar?
-Os dará la inmortalidad.
-¿La inmortalidad? Ja,ja,ja. - rió el rey - Delirais. ¿Y cómo?
-Amando.

Tras un silencio aún más largo que el primero.

-De acuerdo. Tenéis una semana - replicó el rey.
-Una semana es poco tiempo para enseñar a amar a una persona; normalmente se tarda más de una vida.
-¿Queréis vivir? - el hombrecillo asintió con la cabeza- entonces tenéis una semana.

Durante una semana el hombrecillo siguió a su rey a todas partes esperando la oportunidad para poder mostrarle el regalo que le había hecho. Pero fue inútil. El egoísmo del monarca era infranqueable, hasta que en el séptimo día una grave enfermedad se apoderó de uno de los hijos del rey. El vástago yacía sobre su cama sin remedio alguno para su dolor y su agonía; y mientras se debatía entre la vida y la muerte, el rey mandó llamar al hombrecillo.

-Hombrecillo, aún no me has demostrado los poderes de tu amor, de mi regalo; y está noche se te acaba el tiempo que te di. Dime una cosa, ¿podría tu amor curar la enfermedad de mi hijo? Salvarías tu vida y la de él.
-Sin duda que podría. Pero no es mi amor el que necesita vuestro hijo, sino el vuestro.
-¡El mío!; pero vos habéis dicho que yo no tengo.
-Ahora es el momento de hacer uso del regalo que os traje. Sí lo tenéis. Sólo dejad que salga fuera. Dejad que se exprese.
-¡Si me estáis tomando el pelo...!
-Majestad - interrumpió el hombrecillo - confiar en mi.
-Está bien. ¿Qué tengo que hacer?
-Amarlo.
-¡¡¡Qué!!!
-Que lo améis. Amad a vuestro hijo.
-Pero!..., ¿y cómo se hace eso?
-Poneros en su piel.
-¡Queréis que le arranque la piel a mi propio hijo!
-No. Quiero que sintáis lo que él siente.
-¿Y cómo lo hago? - preguntó gruñendo el rey.
-Abriendo vuestro corazón.
-Hombrecillo...,
-Abrid vuestro corazón, Majestad.

El rey cogió el cuchillo.

-Sin el cuchillo, Majestad.
-Entonces. ¿cómo?
-A través de vuestra sensibilidad.
-¿Qué es la sensibilidad? - preguntó el rey.
-La facultad de sentir más allá de la capacidad que tienen vuestro cinco sentidos. Sentid como sufre. Sentid su dolor. Sentid como la vida se le va. Pero también sentid como se agarra a la vida. Sentid por él y con él. Ser todo sentimiento. Entonces él os sentirá.
-¿Y eso es amor?- preguntó sorprendido el rey.
-En parte sí, Majestad.
-¿Y con eso se curará?
-Si él os siente, y siente que le amáis; entonces luchará por vivir.
-¿Y vivirá?
-Eso depende de la oferta de amor que le hagáis
-¿Y cuánto amor tengo que darle para que decida luchar por vivir?
-Todo; tenéis que dárselo todo.
-Pero entonces me quedare sin nada yo.
-Al revés, Majestad; en el amor, cuanto más deis más os llenareis de más amor. No es como vuestras posesiones que si las regalais las perdéis, no. Esto no funciona así.
-¿Y lo de la inmortalidad?
-La inmortalidad sólo la alcanzareis cuando seáis todo amor.
-¿Y cuando llegare a ser todo amor?
-Cuando no tengáis otro deseo que ocupe vuestro corazón más que el de amar.
-¿Y las guerras?, tenga unas guerras que atender; debo luchar contra mis enemigos.
-Majestad, son vuestros enemigos porque no les amáis.
-Y decirme; ¿vos podéis amar a vuestros enemigos?-preguntó el rey.
-No puedo amar a mis enemigos porque no tengo enemigos.
-Me pedís demasiado, hombrecillo.
-Eso es porque no estáis acostumbrado a dar, Majestad. Dejad de hablar y salvad a vuestro hijo.

El rey permaneció durante tres días junto a su hijo encerrado en los aposentos de éste sin comer ni dormir; cuidando de su primogénito día y noche sin descanso como le había indicado que hiciera el hombrecillo. Al cuarto día el rey se desplomó ante la cama de su hijo. El oficial de la corte que vigilaba en sigilo todos los movimientos del rey, al ver la escena se acercó rápidamente a auxiliar a su majestad. Al ver que éste no respondía a sus esfuerzos por reanimarle hizo llamar al médico.

-Están muertos - constató el médico.

-Y entonces, Maestro; si en la historia muere el rey, ¿qué sentido tiene esta historia?
-Espera a que acabe de contarla. Verás...

Cuando el rey murió, él pensaba que seguía vivo.

-Hombrecillo,
-Si, Majestad.
-He curado a mi hijo - dijo el rey mostrando orgulloso a su hijo.
-Lo sé Majestad.
-Ahora bien, he perdido mi reino. Pues no veo a nadie de mi séquito por aquí. ¿Me puedes decir qué ha pasado?
-Que ha alcanzado la inmortalidad, Majestad.

El rey miró a un lado y a otro, luego se miró así mismo a través del espejo de su corazón, y descubrió que aquel reino en el que estaba era el reino de los cielos.

-Hombrecillo, has cumplido tu promesa - dijo el rey - soy inmortal.
-Siempre lo fue Majestad; siempre lo fue.

Recupera tu inmortalidad siendo de nuevo todo amor.

Rafael Santamaria

martes, 7 de enero de 2014

MENTE Y CONCIENCIA; original de Rafael Santamaria


-Cómo se abre la mente?, Maestro.
-Despertando la Conciencia.
-Y cómo se despierta la Conciencia?, Maestro
-Abriendo la mente.
-Entonces?, entonces mente y conciencia son una misma cosa?, Maestro
-No. Verás; alguien no puede entrar en una casa (conciencia) si antes otro no le abre la puerta (mente) desde dentro (introspección), pero para que alguien abra la puerta desde dentro primero ése alguien (alma) debe reconocer su existencia en el interior de la casa (tomar conciencia)
Rafael Santamaria

domingo, 5 de enero de 2014

EL DESPERTAR; original de Rafael Santamaría

                                              CONVERSACIONES CON MI MAESTRO INTERIOR
                                                         original de Rafael Santamaría 
 


                                                                CAPÍTULO PRIMERO 
     

                                                                    EL DESPERTAR





Por aquel entonces yo era un caminante sin camino, pues vagaba por las estepas de una idílica vida sin otro conocimiento que el que me habían enseñado. 
Creía que mi vida era perfecta, tan perfecta como me habían enseñado que podía ser; y acomodado mentalmente en un estatus vacío de toda búsqueda, una y otra vez me dejaba llevar por la inercia de los acontecimientos.
La vida no “despierta” a nadie, pues la vida no es un despertador; son en todo caso las experiencias que vivimos las que nos invitan a abandonar el sueño con el que nuestra alma sueña pensando que todo lo que sueña es real.
Al principio, el despertar espiritual es igual de incomodo que cuando te sacan de un sueño placentero y profundo (aún cuando la vida no sea un sueño placentero para la inmensa mayoría de las personas) Nadie quiere levantarse; nadie quiere despertar. La pereza de enfrentarse a una verdad incomoda, tan sólo porque esa Verdad no forma parte de nuestro sueño, es lo que nos invita una y otra vez a permanecer dormidos.
¿Qué es estar “dormidos”? El estar “dormido” es un estado de abandono espiritual. El alma se abandona en la personificación de que somos un cuerpo. Ella (el alma) no recuerda nada más mientras duerme, mientras se encuentra identificada con el cuerpo.
¿Cómo se produce esa identificación? A través de los sentidos. Los sentidos son los tentáculos con los que el ego mantiene inmovilizada al alma en la inercia de la vida no dejándola despertar.
Por otra parte, la mente es la que se ocupa de mantenernos dormidos; pero no es la que nos duerme. Dormimos porque no queremos despertar, no nos interesa; no nos interesa deshacernos de nuestro ego, de ése sueño de fantasía terrenal con el que hemos llegado a intimar.
Quien nos indujo a ése sueño fue nuestro ego.
Nuestro sueño es profundo, por eso es creíble para todos nosotros. Nadie cree estar dormido.
Creemos todo aquello que percibimos por los sentidos, y eso es lo que nos hace pensar que la realidad (lo real) es aquello que percibimos a través de los sentidos.
Sentidos y sensibilidad son dos cosas muy distintas.
El primero, los sentidos, es el vehículo que nos permite viajar por el mundo material. Gracias a él percibimos todas las cosas, las cuales etiquetamos dándoles un nombre. Ese nombre nos permite creer que las conocemos, y que además de creer que las conocemos las controlamos, es decir, tenemos control sobre ellas (cuando es lo contrario). De la misma manera, el hecho de creer que somos esa persona que obedece por el nombre por el que nos bautizaron nos hace pensar que nos conocemos, y por ende, que tenemos control sobre nosotros mismos.
El nombre es la etiqueta. La persona, es el producto que define esa etiqueta. El interior de ese producto, la mente, es lo que representa el producto. El alma son las tres cosas, pero verdaderamente no es ninguna de ellas. El alma es el que crea el producto, lo envasa, y lo etiqueta. Una vez que el alma cree ser su producto, el alma se convierte en su producto.
El segundo, la sensibilidad, es el pasaporte que nos permite conocer nuestro mundo espiritual. Un desarrollo de la sensibilidad nos invita a mayor progreso en nuestra espiritualidad.
El primero nos mantiene dormidos, espiritualmente hablando. El segundo, nos invita a comprender que hay algo más allá de éste mundo material.
Cualquier experiencia que sea capaz de desbloquear nuestra sensibilidad nos acerca de manera inmediata a nuestra alma.
Por otra parte, todo bloqueo, toda falta de sensibilidad, nos encierra en las mazmorras de la prisión de la carne, entendiendo por la carne, el cuerpo que habitamos.
A veces ése trauma nos despierta pero no nos mantiene despiertos; es decir, nos saca momentáneamente de nuestro sueño terrenal, como puede suceder cuando se padecen graves enfermedades, pero una vez superadas éstas, la tendencia muchas veces vuelve a ser la misma. El trauma, el estímulo, fue insuficiente.
De la misma manera, hay almas que antes de encarnarse se ven lo suficientemente preparadas como para asumir una vida terrenal sumamente difícil y compleja con la cual poder avanzar (espiritualmente hablando) en el camino de la liberación de su identificación con el ego (Por eso la vida de ciertas personas es tan dura)
Esa vida que han elegido vivir antes de venir aquí, son las experiencias de las que su alma se ha “matriculado” en éste plano terrenal para poder superarlas (obtener de ellas un aprendizaje) y avanzar.
Aún así, cuando la identificación del alma con el cuerpo es total, se nos olvida (como almas) que fuimos nosotros mismos los que elegimos voluntariamente nuestras propias lecciones, nuestros propios errores, para aprendiendo de ellos poder desprendernos de la capa mortal que nos hace invisibles a los ojos de Dios, a nuestros propios ojos.
El despertar, aún siendo algo común con lo que toda alma sueña en sus sueños más profundos, es individual y particular. Pues aún teniendo vidas paralelas, el sueño de cada uno es distinto; y al ser distinto, cada despertar es diferente.
Todos “dormidos” por conveniencia, una conveniencia que nos hace ser hipócritas. Por lo que el que “despierta”, sabiendo que un día durmió como ahora los demás duermen, debe ser respetuoso con el sueño de cada uno.
Sólo cuando el alma abre los ojos, el hombre está preparado para despertar.
¡Despierta!

domingo, 29 de diciembre de 2013

APRENDIENDO; original de Rafael Santamaría


¿Cómo quieres que un niño te entienda utilizando tu violencia (tu frustración acumulada), el castigo y la represión como formulas de dialogo para hacerle comprender que ha hecho algo mal? 
¿Tú lo entenderías si fueras él? 
Lo dudo. 
Con esa actitud tan sólo creas confusión desconfianza y miedo. ("Amame cuando menos lo merezca porque a buen seguro será cuando más lo necesite")
¿Cómo se les puede explicar entonces las cosas utilizando las mortíferas armas de la represión y el castigo?
No se puede. Hay que hacerlo con amor, pues sólo así te entenderán.
Si pero..., te dirán o dirás tú.
No hay peros. Los peros son excusas, y las excusas son la retórica que emplea el ego.
Con amor, sólo con amor.
Y si te preguntas para qué se nos han dado esas "armas". Yo te contestaré:
Para deshacerte de ellas, nada más.
Y cuando un adulto castiga con la indiferencia, el silencio, y el aislamiento a una o varias de las personas que más quiere porque se ha enfadado con ella o ellas; ¿acaso crees que ésa es la fórmula del entendimiento y la comprensión?
No, ésa es tan sólo la fórmula que utiliza vuestro ego para no dejar evolucionar vuestra Conciencia; y sin una Conciencia que evoluciona tan sólo seréis un pedazo de carne: vuestro cuerpo, a la espera de que las hienas de vuestra ira, frustración y dolor os devoren.
"Amaos los unos a los otros como Yo os he amado"
Tan fácil y tan difícil; pero..., ¿quién lo hace difícil? Nadie, nadie más que tú.
Da igual lo que te hicieran a ti de pequeño, da igual lo que te enseñarán, da igual lo que viste o lo que viviste. ¡Cambia!
En tus manos tienes el poder de empezar a cambiarlo todo, sólo hace falta que tú cambies.
Mientras a través de tus malos hábitos sigas estando en todos esos lugares que no son tu sitio, estarás perdido al ignorar el lugar te corresponde en la vida.
Ya es hora de que cambies tu pasado por el presente.

¡Feliz año 2014!

Rafael Santamaria

sábado, 16 de noviembre de 2013

EL AMOR TODO LO PUEDE SI LA PACIENCIA TODO LO ALCANZA; original de Rafael Santamaría

-Muchos son los que se adelantan, otros, los que van rezagados; tú por el contrario hijo mío, tan sólo espera tu momento, que la oportunidad llega sola; pues ésta siempre llega justo en el momento en que uno menos se lo espera; ya que mientras estás esperando a que llegue, sin saberlo, estás reteniendo su llegada. Suelta aquello que tanto deseas, si de verdad quieres que llegue. 
-Y cómo se suelta?, Maestro
-Tú ya sabes lo que quieres, pero sufres porque no sabes cómo conseguirlo. Por qué te preocupas tanto entonces por algo por lo que tú no puedes hacer nada? Tu preocupación denota desconfianza, y es debido a tu desconfianza como las cosas que quieres no llegan porque con esa actitud les estás cerrando la puerta que da entrada a tu vida. Si de verdad creyeras en aquello que quieres, aquello que quieres vendría sólo sin necesidad de tener que salir tú a buscarlo; pero es tu falta de fe la que te hace salir en su búsqueda, y es inútil que busques algo sino sabes a dónde has de ir para encontrarlo.
-Pero he de ir a algún sitio para encontrar eso que quiero?, Maestro
-Tan sólo has de saber bien lo que quieres. Tú quieres algo?
-Si, claro.
-Pues en todo caso preocupate de estar seguro de que aquello que quieres es lo mismo que dices querer, y deja el cuándo y el cómo para los agnósticos de sí mismos.
Te ilustrare con un ejemplo. En cierta ocasión conocí un joven que amaba a una mujer, y aunque ésta también le amaba a él, estaba prometida con un acaudalado hombre de negocios para poder saldar así la deuda económica que su padre había contraído con su prometido. El joven salió en busca de fortuna para pagar la deuda del padre de su amada y así poder casarse con ella, pero desgraciadamente en aquel viaje no encontró a su paso más que calamidades y sufrimiento. Cuando quiso regresar a su ciudad natal, su amada ya había contraído matrimonio con el acaudalado hombre de negocios. Su desesperación le llevó hasta la orillas del Ganges. Quería quitarse la vida en el río sagrado. Allí le encontré yo.
"-Creo que tu vida merece una segunda oportunidad- le dije- A qué viene tanta prisa por conseguir algo que todavía no estás preparado para poder tenerlo en tu vida.
-Cómo dice?
-Sé de tu melancolía. Tu corazón habla, sólo que tú no le escuchas. Déjame decirte algo, las cosas no pasan por casualidad. Permite primero que el padre de tu amada salde la deuda económica que tiene con el marido de la mujer que tanto amas, pues las cosas en éste Universo perfecto tienen un orden, y después, aparece tú cuando la vida te haga aparecer en escena; y no antes hijo mío, pues tu papel ahora no tiene cabida en está parte de la función de éste grandioso Drama Cósmico. Dios es sabio hijo mío. El sabe de ti y de tus inquietudes. Eres tú el que nada sabes de Él, pues si confiaras en Él, nada temerías. Pues si lo que deseas es justo, aquello te llegará a su debido momento.
-Y entonces usted, qué me sugiere que haga?
-Primero quitar tus pies de ahí, el suelo está resbaladizo y podrías caerte y morir. Segundo, si tanto la amas, entonces no la desees, porque no es tuya, y así es como nunca vendrá hasta ti. Por el contrario, amala, amala tanto que no puedas dejar de amarla, que el amor es el mayor poder de atracción que existe en el mundo. Confía en ese amor, y ese amor la traerá hasta ti"
-Y qué paso?, Maestro
-Yo no sé lo que paso, porque cuando le volví a ver no le pregunte el cómo (había pasado) Sólo les vi juntos. Supongo que pasó lo que era lógico, desde el punto de vista de la Divina Providencia, que tenia que pasar.
El amor todo lo puede si la paciencia todo lo alcanza.

kriya yogui Rafael Santamaria

miércoles, 13 de noviembre de 2013

EL AUTO ENGAÑO; original de Rafael Santamaría

En cierta ocasión conocí a alguien que creía ser yo, pero que luego resultó que no era yo.
De vez en cuando conviene tener unas palabras consigo mismo para poder ir dándose cuenta de quién es uno en realidad. 
Me he pasado media vida alimentando a través del auto engaño a alguien que no era yo, y ahora que me he dado cuenta me he encontrado con un yo (mi verdadero Yo) famélico, desnutrido y desatendido espiritualmente hablando. Y al borde de esa miseria espiritual, a través de un primer análisis de mi doctor de confianza: mi conciencia, se me ha diagnosticado ignorancia crónica en estado agudo.
He oído decir entre la gente que ésta enfermedad tiene difícil cura, pues el tratamiento es uno mismo; y siendo uno mismo su propia enfermedad, nada lo cura salvo el auto conocimiento.
He visitado distintos doctores buscando opiniones distintas de conciencias similares, pero el tratamiento es siempre el mismo: el auto conocimiento.
La mentira está edulcorada pero en verdad no es dulce; te la traen a la mesa, a nuestra vida, porque siempre entra en el menú del día. Y es altamente adictiva: todo el que la incluye en su dieta diaria acaba por no darse cuenta de que se está alimentando de ella hasta que los niveles de su toxicidad evidencian que es un enfermo de sus propias mentiras. Y ha llegado a desarrollarse de tal manera en nuestra sociedad que se hace muy difícil de identificar una vez que ha pasado a formar parte de nuestras vidas.
Yo no llegué a saber de mi auto engaño hasta que no supe de Mi, de ese mi que era mi verdadero yo: un pariente muy lejano cuando es la mentira la que marca las distancias entre tu yo y ese otro yo que no eres Tú.
Existe o hay una superposición de personajes que es lo que configura a nuestro ego y le hace parecer real. Dichos personajes se alimentan de nuestros pensamientos, pues son éstos los que acaban definiendo bien el perfil de cada uno estos personajes que conforman nuestro ego. En mi caso, no sólo consentí la creación de cada uno de los personajes que conforman mi ego, sino que ademas llegué a estar orgulloso de cada uno de ellos. Mis creencias, que en verdad no eran mías sino que estaban subordinadas a lo que me habían inculcado desde pequeño, alimentaban cada vez más mi ignorancia engordando la veracidad de que cada personaje con que desempeñaba cada momento de mi vida no sólo era el correcto, sino que además ése era yo; pues llegué a creerme que ese personaje era yo, era mi verdadero ser.
Hasta que una mañana te despiertas entre el tumulto de tus quehaceres diarios y tienes la suerte de cuestionarte: quién soy yo realmente y que hago aquí?
Cuando la pregunta sale de lo más profundo de uno mismo, no te quepa la menor duda que la respuesta también sale de lo más profundo de uno mismo (de la misma manera que una pregunta superficial sólo atrae respuestas superficiales), pero para ello antes hay que haber fondeado en las profundas aguas de los interrogantes de la vida.
Y no es que halla encontrado la respuesta, es que me he encontrado a mi mismo. Cierto es que ese Yo con el que me he encontrado está maltrecho y desorientado, la oscuridad en la que se sumió al estar tanto tiempo en el zulo de la ignorancia lo ha cegado ante sus propios ojos: la intuición; y aúnque está en la unidad de cuidados intensivos: los buenos hábitos, sé que su pronta recuperación sólo es cuestión de no perder más el tiempo en está vida engañándome a mi mismo.
Pues has de saber que la respuesta a todas tus preguntas siempre está y es uno mismo.
Kriya yogui Rafael Santamaria

martes, 12 de noviembre de 2013

EL CONOCIMIENTO LO DA EL APRENDER A PERDONARTE; original de Rafael Santamaría

Qué poco sabe el hombre que no sabe de sí mismo. Yo pensaba que el conocimiento me lo daría el ser perfecto, y que dicha perfección sólo la alcanzaría haciendo las cosas lo mejor que supiera y pudiera. Pero un día descubrí que dicha perfección sólo está al alcance de aquel que se conoce a sí mismo. ¿Y quién se conoce a sí mismo?, me he preguntado más de una vez. La respuesta la hallé cuando descubrí que es sólo cuando una se acepta tal y como es, con todos sus defectos y sus virtudes, como uno está demostrando que conoce todas sus facetas: las buenas y las malas; pues quien sólo quiere conocer sus virtudes es un necio, mas quien se ha pasado su vida intentando cambiar sus defectos ha demostrado no saber amar aquello que él también es.
En verdad os digo que uno no puede cambiar un defecto si no se ama a sí mismo, porque la verdadera naturaleza de un defecto proviene de la falta de amor hacia uno mismo. No quiere decir eso que no importe el que uno se equivoque, ¡claro que importa!, sino que el error es parte del aprendizaje cuando uno quiere ver en sus errores el aprendizaje que necesita para llegar a conocerse a sí mismo.
En éste mundo sólo unos pocos están exentos de no equivocarse, pues la condición humana invita siempre al error; pero no menos cierto es que es gracias a nuestra condición espiritual como podemos ver que no estamos haciendo lo correcto.
Quien se deja llevar por la inercia de lo que le han enseñado no deja de ser un autómata de la sociedad. Pues libre sólo es aquel que no necesita de reglas para hacer lo correcto, pues se ha liberado del yugo de todo pensamiento al llevar la mente a su corazón.
Nadie que dice amar sabe lo que dice, pues el verdadero amor no lo conoce más que aquel que en vez de hablar de amor se puso a escucharse a sí mismo.
Tengo la esperanza de encontrar algún día, más allá de esa paz que da el silencio, ése amor verdadero libre de toda caracterización cinematográfica y social con la que se conoce lo que vulgarmente se llama amor.
Creo que una vez que el alma se deshace aceptando la pesada carga que supone la conciencia corpórea: el ego, la experiencia extrasensorial de lo que de verdad somos ilumina ciertamente nuestro cuerpo haciéndolo tan luminoso como en verdad es. Por eso quien ve la luz, se ha visto tal y como en verdad es.
Meditar es una forma de ver lo que aún no somos capaces de ver, y no me refiero a ver ese tipo de cosas que están más allá de este plano material, sino a esos errores que uno nunca quiere ver porque todavía no está preparado mentalmente (en conciencia) para poder admitirlos como suyos y aprender de ellos.
Y recuerda que es muchas veces el sentimiento de culpa el que no te deja avanzar en tu vida. Si no eres capaz de perdonarte a ti mismo por no haber podido, o no haber sabido, hacer las cosas como te hubiera gustado hacerlas, cómo quieres entonces perdonar a otros cuando éstos las hacen de manera muy distinta a como a ti te gustaría que se hiciesen. Y si siendo así como digo tú no sabes perdonar, como entonces pretendes saber amar.
Perdónate por todos tus defectos y habrás ganado un amigo: aquel que siempre estuvo a tu lado aunque tú muchas veces no fuiste consciente de ello: TÚ, Tu verdadero YO.
Kriya yogui Rafael Santamaría 

domingo, 20 de octubre de 2013

EL VIAJE DE TU VIDA; original de Rafael Santamaría

La gente, en su desconcierto, busca entre las cenizas de su pasado los cimientos con los que cimentar y construir sus sueños; por eso les cuesta tanto ver claro su futuro, porque no ven el presente. De ésta manera casi nunca aciertan a resolver el enigma que es para ellos cómo alcanzar sus sueños.
En cierta ocasión, un hombre quería hacer el viaje de su vida, pero se dio cuenta de que tan sólo contaba con su viejo y oxidado auto; rebuscó entre sus conocidos para que le prestaran un coche, pero se dio cuenta de que ninguno de ellos tenia el vehículo que según él se requería para tan grande empresa.
Limitado por un única forma de pensar, por más que buscó entre lo que ya tenía y conocía, no consiguió encontrar una solución a su problema. Desesperado se dejó llevar por la desolación, y bajo las secuelas de su frustración acabó haciendo algo que simplemente le gustaba pero que no le llenaba. Su gran viaje, su gran sueño, quedó relegado al baúl de los recuerdos.
Pero a aquel hombre que cultivaba la bondad, quiso su buen karma que conociese a un hombre santo.
Entre los diálogos que ambos mantenían, un día salió el tema de aquel sueño del pasado. Y el santo le dijo:
-Los hombres se pasan la vida tirando de sus recuerdos para salir del atolladero que creen que es su presente, o construyen con grandes expectativas sueños que no alcanzaran nunca a ser reales tan sólo porque nunca viven en el momento presente.
Aquel tu sueño, se puede hacer realidad siempre que y cuando estés en él y no te vayas a tu pasado o tu futuro para poder construirlo.
-Y cómo se hace eso?
-Tu sueño no requiere de un vehículo para hacerse realidad. Esa es tu forma de ver tu sueño. Si tu sueño es hacer ese viaje olvidate del coche. El coche simboliza tus limitaciones, sin él no sabes cómo hacer tu viaje; así opera tu mente, tu ego. Por el contrario tu viaje es la parte creativa de tu alma, la fe en tu intuición, la fe en aquello que sientes que puedes hacer y que es real aunque no lo puedas ver ni percibir con tus cinco sentidos. Es aquella parte de ti que no conoce obstáculos.
Si tu viaje lo enfocas, lo ves, sólo a través del vehículo que no tienes, jamás lo harás; pues la misma carencia de lo que tu mente te hace pensar que necesitas para hacer tu viaje te esta negando la posibilidad de hacerlo.
El viaje has de hacerlo sin ese coche que crees que necesitas, sin tu mente, y sin el coche de nadie, sin los pensamientos o la opinión de nadie; has de hacerlo tan sólo con fe, esperanza y amor. En verdad, no necesitas más.
Es cierto que tras aquellas palabras, el santo y aquel buen hombre nunca más se volvieron a ver; pero no menos cierto es que al día siguiente, aquel buen hombre puso rumbo al viaje de su vida, su gran viaje: Él.
kriya yogui Rafael Santamaría
@kriya_yogui

miércoles, 9 de octubre de 2013

AMAR ES SIEMPRE LO CORRECTO; original de Rafael Santamaría


-Maestro; ¿usted cree que algún día llegare a ver el rostro de Dios?
-Ven, te contare una historia. Ponte cómodo.
Verás, elegir bien entre lo que debes hacer y lo que quieres hacer es una de las pruebas con las que la vida más insiste a la hora de conocer la pureza de tu corazón.
Siendo así como te cuento, en cierta ocasión la vida, y no otro Maestro, quiso comprobar mis supuestos adelantos espirituales.
Por aquel entonces yo estaba casado y vivía en Madrid, y no hacia mucho que me había iniciado en la técnica del krika yoga, y aunque tenia mis sanadoras conversaciones diarias con mi Maestro Interior, aún no había visto el rostro de Dios, si es que a Dios se le puede poner un rostro. Y aunque uno siempre siente que su avance espiritual goza de buena salud, no menos cierto es que el fantasma del ego merodea constantemente por la vida adoptando las distintas personalidades que desconoces para poder volver a ser Tú; por eso es bueno recibir las bendiciones y los consejos de aquéllos que han entrado en dura pugna con su ego más veces que tú.
Recuerdo bien como por aquel entonces yo me había preparado para asistir a un evento donde unos monjes venidos de lejos repartirían bendiciones, consejos, y el renovado bautismo con la técnica del kriya yoga para todos aquellos novicios que estuvieran preparados. El evento se celebraba en la ciudad de Barcelona.
Mi vuelo salia a las 7:00 de la mañana; y yo había contratado un servicio de recogida de pasajeros que me llevaría al aeropuerto, y que pasaría por mi casa a buscarme a las 4:45 horas.
Esa misma noche, a las 3:45 horas; justo cinco minutos antes de que sonase el despertador que había dejado programado para que me despertase, mi hija vino y me dijo que le dolía la tripa. La toqué y estaba caliente. Mire el reloj y cuando vi la hora que era no me lo podía creer.
Sabia que tenia fiebre. Acto seguido fuimos al baño y empezó a vomitar. Mi viaje se estaba desmonorando por momentos. Desperté a su madre para que la atendiese, pero mi hija me miraba a mi. Me vestí, y le puse el termómetro; y justificándome viendo que la fiebre no supera los 38 grados, dejé la tarjeta del médico encima de la mesilla para que si empeoraba su madre la llevase al médico.
Llamaron al telefonillo. Habian venido a buscarme para llevarme al aeropuerto. Le di un beso a mi hija; pero no escuché de boca de su madre: vete tranquilo. Mis dudas se acrecentaban. Casi siempre había sido yo el que la había llevado al médico.
Me subí al pequeño autobús que me llevaría al aeropuerto rezando a Dios y pidiéndole que me enviara una señal para saber si estaba haciendo lo correcto.
La mirada de mi hija se había clavado en mi corazón.
Mientras el conductor hacia la ruta recogiendo a otros pasajeros que como yo iban al aeropuerto, llame a mi padre; ya que mi Padre Celestial no me contestaba, o yo no le oía, llame a mi padre terrenal para pedirle consejo. Al relatarle lo acontecido quise justificarme contándole que la enfermedad de mi hija no parecía grave, y que tenia a su madre; pero mi padre no me dijo lo que yo quería oir: vete tranquilo.
Llegué al aeropuerto sin saber qué hacer. Me dirigí al mostrador donde debía hacer el cheking, pero en vez de ponerme a la cola, como aún me sobraban unos minutos, preferí seguir rezando para ver si Dios me enviaba una señal.
Pero hijo mío, cuando la angustia se apropia de tu serenidad, tu oído intuitivo es incapaz de escuchar el suave susurro de la voz de Dios. Entonces, pensando en que Dios es siempre más importante que cualquier otra cosa en el mundo, pues es Él el que sostiene toda vida en este mundo (incluida la de mi hija), decidí depositar mi fe en Él, y con ésta firme actitud me dispuse a revisar mi equipaje por ultima vez para efectuar el cheking. Y ahí fue cuando me di cuenta que aunque lo tenia todo, me había dejado algo en casa: el corazón.
Fue entonces cuando con una tremenda pena por si me estaba equivocando, y sobre todo, por no poder recibir el mágico aliento de aquellos que saben más que tú, decidí volver a casa. De regreso en el taxi me asaltaban las dudas: "¿estaré haciendo lo correcto?; ¿y si le estoy decepcionando a Dios? Dios debe ser siempre lo primero"
Al entrar en casa y ver a mi hija supe que había hecho lo correcto, pues vi en su mirada el tan anhelado rostro de Dios que durante muchas de mis meditaciones siempre había buscado ver. 
Pero por si era mi ego el que se había apropiado de lo que acababa de ver, me dispuse a meditar. Y fue ahí cuando una luz sin rostro me hablo a través del silencio; pues yo le pregunté: ¿he hecho lo correcto?, y Ella me contestó: Amar es siempre lo correcto.
Hijo mío, a ti te digo: cuando tu corazón se llene de amor a través de tus actos, ese día veras a Dios en el corazón de todos y cada uno de aquellos a los que les hayas entregado todo tu amor.
kriya yogui Rafael Santamaría
@kriya_yogui




sábado, 28 de septiembre de 2013

EL AMOR NUNCA MUERE SI ES AMOR;original de Rafael Santamaría

-Maestro; tengo una duda. Usted dice que el problema de nuestra infelicidad está en nosotros, y no en la persona que está junto a nosotros. Pero desde ese punto de vista, entonces, si yo no soy feliz con la mujer con la que estoy, no es culpa de mi esposa, sino mía. ¿No es así?
-Lo primero hijo mío, la culpa no existe nada más que para aquel que busca culpables, aun cuando en esa búsqueda sea uno mismo quien también llegue a incriminarse como culpable. Pues la culpa es una invención puramente del ego; ya que la culpa se vale de una justificación cargada de reproche para no dejarte ser objetivo con la Verdad. Y recuerda que sólo la Verdad te hará libre.
-Era una forma de hablar para que me entendiera, Maestro.
-Lo sé. Verás, es cierto que tu felicidad no puede depender jamás de nadie más que de ti; mas la cuestión no es preguntarte si tu mujer te hace feliz o no, o si al ser infeliz tú contigo mismo, también lo eres con aquella persona con la que convives. La pregunta hijo mío, es si aún crees que puedes seguir haciendo feliz a esa persona con la que convives sabiendo de ante mano que ella desea que tú le sigas ayudando a ser feliz, o, mejor aún, preguntate si crees que puedes hacerla ver el amor que lleva dentro.
-Pero Maestro, para poder hacerla feliz, primero he de ser feliz yo; ¿no cree?
-Correcto. Pero tu felicidad no necesariamente depende de hacer felices a los demás, sino de saber hacer felices a todos aquellos que se dejan ayudar por ti para ser felices gracias a ti.
-Creo que no le he entendido.
-Hubo un Maestro de Galilea que hablaba a la gente. Él sabia que muchos aún dormían en el sueño profundo de la ilusión que es ésta vida, y por eso aunque les habló a todos, sólo despertó a todos aquellos a los que pudo mostrarles el amor que llevaban dentro, y a aquellos les convirtió porque aquellos, entiende bien, se prestaron a ser convertidos. Les hablaba a todos, sí; pero se rodeó sólo de aquellos a los que supo hacer felices mostrándoles el amor que llevaban dentro; pues sólo ellos le siguieron, ya que sólo ellos creyeron en Él. Si tu esposa no cree en ti, tu esposa nunca te seguirá allí donde vayáis por muy juntos que creáis estar. Y no me refiero a que te siga a un lugar concreto, sino a que te siga en el viaje que es esta vida.
-¿Y no será que el que no cree en ella soy yo?, Maestro.
-Quizás, pero también puede ser ella misma la que ya no consigue hacerte creer en ella. Las preguntas si nos quieren sacar de dudas han de ser formuladas desde todos los ángulos cuestionables.
-¿Y cómo puedo saber quién es el que ha dejado de creer en el otro?
-¿Otra vez vuelves a buscar culpables?, hijo mío. Recuerda que eso es ego.
-Tiene razón, Maestro.
-Que más te da quién sea. Entiende bien que ante la duda, o ante la búsqueda de culpables, el amor no existe.
-¿Me está diciendo que si dudo de ella, o de mi matrimonio, es que ya no la amo?, Maestro.
-La Verdad se esclarece cuando desaparecen las dudas. Quita pues toda duda, y mira entonces que Verdad te queda.
-¿Y si no me quedase nada?, Maestro.
-Entonces es que no había nada.
-Pero entonces significaría que jamás hubo nada, pues usted dice que el amor nunca muere si es amor.
-Exacto. Así es.
-¿Entonces por qué me casé si no la amaba?, Maestro.
-Buena pregunta, hijo mío; pero esa respuesta sólo la conoces tú.
Kriya yogui Rafael Santamaría
@kriya_yogui