miércoles, 13 de mayo de 2015
A LOS PIES DE MI MAESTRO; original de Rafael Santamaría
En cierta ocasión me apunté a curso de como sanar tu resentimiento haciendo las paces con él. Estaba súper ilusionado. Había depositado muchas esperanzas en aquel curso.
Todo ésto fue antes de conocer de cerca las enseñanzas de Paramahansa Yogananda. La justificación de porque genere tantas expectativas fue que me habían hablado maravillas de aquel curso y de la persona que lo daba.
Recuerdo aquella mañana, era sábado. Yo estaba sentado al final de una gran sala (que por cierto, estaba prácticamente llena) en una de esas sillas que tienen para apoyarse y escribir, escuchando hablar a la mujer que dirigía aquel seminario.
Como siempre acudí solo a aquel curso. Supongo que mi forma de madurar me derivó por caminos distintos a los de mis amigos de la infancia, y a los compañeros que había conocido en otros cursos más orientados en un aspecto físico de la sanación con los que había llegado a establecer una cierta amistad, nunca me atreví a proponerles que me acompañarán a seminarios como aquel.
En su presentación el tono de aquella mujer era una melodía para nuestros oídos. Sus palabras, cargadas de simpatía, ejercían un fuerte efecto sanador en cada uno de nosotros. Todo era perfecto. Me encontraba a gusto. Empezaba a confiar en ella. Y había ido porque tenía mucho que sanar.
La primera vez que pidió un voluntario no salí, bueno no salí ni la primera ni la segunda vez; debe ser que a la tercera va la vencida, porque a la tercera vez que pidió un voluntario para demostrar (creo recordar) la manifestación psicosomatica de un tipo de emoción en el cuerpo me escogió a mi.
- Tú, el del final; el de la camiseta negra - evidentemente ni mi inmute (yo era el de la camiseta negra) Intente disimular para hacerme el despistado y que cambiará así de "conejillo de indias" - el que no se quiere dar por aludido, (yo?) si tú; quieres salir?
Evidentemente no podía negarme, así que tuve que salir. Menos mal que no era la primera vez que tenia que salir a la palestra, y la experiencia es un grado.
Tras una introducción a lo que iba a hacerme, la cual no recuerdo bien, me testo kinesologicamente (éso si lo recuerdo) y dijo:
- Aquí - refiriéndose a mi hombro derecho - y aquí - y a mi muñeca izquierda - Te duelen?
- No que yo sepa - contesté.
- Veis. "No que yo sepa" Él no es consciente de su dolor, de su ira acumulada - que tía!, pensé; quedándome asombrado - pero tenerla la tiene. Y por qué crees que no eres consciente de tu dolor?
Sabia que si respondía sin pensar mi respuesta estaría cargada de ego, así que preferí guardar silencio hasta que me viniera una respuesta digna de la interlocutora que tenía en frente.
- No sabes? - me preguntó. Creo que mi silencio le precipitó a preguntarme.
Entonces, una respuesta como venida de dentro, sobrepasó el umbral de mi silencio.
- No me conozco. Por eso no sé.
- No te conoces? Vamos a ver, no sabes quien eres pero sin embargo has decidido venir hasta aquí? - me preguntó.
- No, no me conozco. - contesté; y como venido a más, es decir, "crecido"; proseguí - y mi desconocimiento sobre mi naturaleza esencial, sobre mi mismo, intuyo yo que es lo que me crea ésas disputas internas que proyecto enemistandome con la gente que me rodea. Y es esa enemistad con esa parte de mi que hay en los demás la que me genera un resentimiento, un dolor, un malestar conmigo mismo debido a que existe una disyuntiva, una diferencia de opiniones por lo que hago y cómo lo hago, entre mi yo: el que desconozco, y el yo que me hace ser todo un desconocido para mi verdadero yo. Y he venido hasta aquí traído por un yo que desconozco, el mismo yo que quiero conocer, y por un resentimiento que quiero sanar conociéndole.
El silencio se apropió de la sala. Fui consciente de él. Nadie hablaba. Mantuve la mirada fija al frente y esperé a que ella dijera algo.
- Hijo - es cierto que podía ser mi madre - creo que este curso no es para ti.
No pregunté el por qué. Aún me encontraba bajo la hipnosis de mis propias palabras.
- Has pagado? - me preguntó.
- No. Cuando llegué había mucha cola en secretaria y una chica me ha dicho que pagara en el descanso.
- Pues no pagues. Devuelve el material en secretaria y diles que te he dicho yo que no pagases.
Y así hice.
No miré ni quise ver a nadie para "no ser visto" mientras recogía mis cosas y abandonaba aquella sala. Tenía vergüenza.
No sé si aquel día sane o no sane algo, lo que si sé es que poco más tarde el Maestro a través de una imagen me llamó.
Era la segunda vez que veía a aquella imagen (el retrato que aparece de él en su libro de Autobiografía de un Yogui) Pero no sería hasta mi tercera visualización de aquella imagen cuando me decidiría a comprar el libro con el que Paramahansa Yogananda muestra al mundo su reveladora vida llena de inmortales enseñanzas.
Según me cuentan el día que compré aquel libro llegué a casa con una sonrisa que entiendo que hoy en día sólo la sigue viendo aquel que no se fija en el color de mis ojos, sino en la expresión de mi mirada, una mirada que sólo puede ver el que no enfoca su atención sobre lo que piensa de mi (sobre lo que le invita a juzgar u opinar su ego de mi)
Antes pensaba que nosotros elegimos nuestro propio camino, pero creo que de alguna manera que no sabría explicar, es el camino el que nos elige a nosotros.
Rafael Santamaría
sábado, 9 de mayo de 2015
YO SOY; original de Rafael Santamaría
Hasta mi viene todo aquel que escucha la voz de su alma en el silencio de su mente: Mi Voz.
Mi Voz es el sonido que no tiene voz, pero quien me conoce ha oído hablar de Mi en el silencio del que emana Mi Voz.
Yo Soy el que inspira al poeta, pero también Soy la poesía y el verso; pues Yo Soy el Todo en la parte, y también Soy cada parte del Todo.
Yo Soy la Verdad que inspira el Amor en los hombres; dichosos aquellos que conocen ésta Verdad y saben de Mi por Ella.
Quien es en Mi la oración que es él, ora para Mi rezando por él; y quien descubre su amor en Mi, descubre que Mi amor por él Soy Yo.
Porque todo lo que habéis de saber está en Mi; y porque todo aquello que decís saber Soy Yo.
Rafael Santamaría
Mi Voz es el sonido que no tiene voz, pero quien me conoce ha oído hablar de Mi en el silencio del que emana Mi Voz.
Yo Soy el que inspira al poeta, pero también Soy la poesía y el verso; pues Yo Soy el Todo en la parte, y también Soy cada parte del Todo.
Yo Soy la Verdad que inspira el Amor en los hombres; dichosos aquellos que conocen ésta Verdad y saben de Mi por Ella.
Quien es en Mi la oración que es él, ora para Mi rezando por él; y quien descubre su amor en Mi, descubre que Mi amor por él Soy Yo.
Porque todo lo que habéis de saber está en Mi; y porque todo aquello que decís saber Soy Yo.
Rafael Santamaría
sábado, 2 de mayo de 2015
ENTRE DOS REINOS; original de Rafael Santamaría
En cierta ocasión, un buen amigo me preguntó acerca de la compatibilidad de una vida vinculada a los quehaceres y circunstancias de la tierra y la búsqueda del yo espiritual.
Cómo no sabía cómo contestarle ni con qué palabras decirle lo que pensaba, dejé que mi intuición hablara por mi:
Tal era el amor de un rey por su reina que tras una noche en la que la reina, por motivos que aún se desconocen, se ausentó de palacio, el rey, tras esperar tres tristes noches su ausencia, y viendo que su amada no venía, abandonó su reino en busca de lo que su corazón añoraba.
Pero desde el mismo momento en que aquel rey se fue, aquel reino sin su rey no fue el mismo reino, y con el tiempo y la ausencia del rey, aquel reino murió por la falta de un rey, su rey.
Y es que un rey sin su reina no es un rey, pero un reino sin rey tampoco en un reino.
Quien tenga oídos para oír que oiga.
Rafael Santamaría
Cómo no sabía cómo contestarle ni con qué palabras decirle lo que pensaba, dejé que mi intuición hablara por mi:
Tal era el amor de un rey por su reina que tras una noche en la que la reina, por motivos que aún se desconocen, se ausentó de palacio, el rey, tras esperar tres tristes noches su ausencia, y viendo que su amada no venía, abandonó su reino en busca de lo que su corazón añoraba.
Pero desde el mismo momento en que aquel rey se fue, aquel reino sin su rey no fue el mismo reino, y con el tiempo y la ausencia del rey, aquel reino murió por la falta de un rey, su rey.
Y es que un rey sin su reina no es un rey, pero un reino sin rey tampoco en un reino.
Quien tenga oídos para oír que oiga.
Rafael Santamaría
viernes, 24 de abril de 2015
EL AMOR; original de Rafael Santamaría
Como no lo conocía, pues siempre había soñado con él, cuando se le apareció, no lo reconoció.
- Quién eres? - le preguntó.
- No soy más que tu sueño hecho realidad - afirmó el amor.
Pero dudó, y la duda lo hizo desaparecer.
Vino una segunda vez, y vino como siempre sin avisar.
- Quién eres? - le preguntó
- Aquel del que deconfiaste una vez.
Pero olvidó de quien se trataba, y junto con su olvido volvió a desaparecer.
Y vino una tercera vez. Siempre sin avisar.
- Quién eres? - le preguntó
- Lo que buscas.
Dudaste y me olvidaste, por eso nunca me encontraste.
Rafael Santamaría
- Quién eres? - le preguntó.
- No soy más que tu sueño hecho realidad - afirmó el amor.
Pero dudó, y la duda lo hizo desaparecer.
Vino una segunda vez, y vino como siempre sin avisar.
- Quién eres? - le preguntó
- Aquel del que deconfiaste una vez.
Pero olvidó de quien se trataba, y junto con su olvido volvió a desaparecer.
Y vino una tercera vez. Siempre sin avisar.
- Quién eres? - le preguntó
- Lo que buscas.
Dudaste y me olvidaste, por eso nunca me encontraste.
Rafael Santamaría
LA PROMESA; original de Rafael Santamaría
Hace muchos años, tenía un amigo, digo tenía porque tristemente ya murió, con el que me unía una fuerte amistad. Cada vez que nuestras atareadas vidas nos dejaban un rato buscamos la oportunidad y nos veíamos.
Charlabamos de la vida: de nuestras vidas, nos desahogabamos el uno con el otro, luego poníamos en orden el país, y por último resolvamos los problemas mundo. Cuando habíamos dejado todo resuelto: el mundo, el planeta, y hasta el Universo, algún móvil sonaba (no había whatsapp, todavía no existía Internet en los teléfonos móviles) y eso quería decir que era hora de volver a casa. El tenía dos hijos, yo aún no me había estrenado como padre, pero estaba a punto.
Un día, allá por el mes de febrero, de nuevo me llamó. Últimamente viajaba mucho por trabajo. En aquel momento hacia tiempo que no le veía, y cuando digo tiempo, me refiero a que por lo menos hacia que no le veía un par de años. Por aquél entonces, recuerdo que mi vida empezaba a "sufrir" su gran transformación (al menos así lo viví yo)
Quedamos, pues me dijo que estaría por Madrid un par de días. Nos vimos donde siempre: en "nuestro" sitio. Un bar que utilizábamos como púlpito para lanzarnos el uno al otro mensajes sobre la verdad de nuestras vidas.
Especialmente recuerdo nuestra última conversación.
- Y de qué va éso qué haces? - me preguntó.
- Se trata de parar la mente. De vivir el presente que hay en cada uno de nosotros bajo la realidad de nuestra alma.
- Creo que se te está yendo la olla, coleguita. Pero bueno, tú mismo. Y eres feliz?
Me dio apuro contestar lo de siempre, lo estándar, lo establecido por la inercia de la vida, es decir, lo que muchos contestan en vez de decir la verdad. No sé porqué motivo me atrevería a contarle la verdad.
- No.
- Y por qué no?
Aquella pregunta tan directa requería de una respuesta aún más directa, es decir, de una respuesta totalmente sincera. Entonces fue cuando me arme de valor y le conté los motivos de mi infelicidad.
- Qué suerte tienes, - me dijo - lo tuyo tiene solución, lo mío no; me han dado tres meses de vida, a lo sumo un año. En verdad he venido a despedirme de ti. Cuando empiece el tratamiento no creo que tengas ni fuerzas ni ganas.
- Pero...
- Tengo metástasis, Rafa. Me estoy muriendo. Según los médicos no se explican cómo puedo todavía estar así. Ya ves, soy un cadáver andante.
-..., pero si yo te veo bien!
- Mi cuerpo se muere.
- Joder! tío. Estás seguro?
- Tan seguro que he venido a despedirme de ti. Y más ahora que te has metido en ésos "temas", no sea que por tener algún motivo pendiente me toque reencarnarme para saldar mis deudas karmicas contigo. Se dice así, verdad?
- Si.
- Si como tú dices la muerte física es sólo un estado transitorio de nuestra alma, por qué lloras? Yo me voy antes que tú. Nada más.
- Sí, sí tienes razón. - dije entre lágrimas.
- Prometeme una cosa.
- El qué?
- Verás, yo no puedo hacer nada por intentar ser feliz, me muero, pero tú, tú te estás muriendo al no estar aprovechando ésta vida. Y te estás muriendo sin darte cuenta de que aún puedes hacer mucho por ser feliz en ésta vida, y volver así a la vida. Por éso te pido que me prometas que no concedaras ni un sólo minuto del tiempo que te quede en esta vida al desaliento y el desánimo, y que emplearás a cambio toda tu fuerza de voluntad para vencer tus miedos y ser feliz. Me lo prometes? Lo tuyo tiene solución, Rafa. Seria un delito que no fueras feliz. Tienes tanta suerte, que me das envidia, amigo mío.
Mi promesa tardó once años en hacerse realidad.
Seguir en la inercia de tu vida te hace creer que todo la rutina previamente programada en tu mente es real, pero sólo es real para ti.
Para vivir fuera de la inercia de tus pensamientos de siempre, entre otras cosas, hay que vivir fuera de todo aquello con lo que te has acostumbrado a vivir.
La realidad es muy distinta cuando dejamos de lado todo aquello que hacía creernos que era real y única nuestra forma de vivir (llegamos a creernos que no existe, o que es una utopía, otra forma de vivir)
Sólo venciendo uno sus propios miedos uno puede ser feliz, pues tus miedos son los que te paralizan a la hora de ser plenamente feliz.
Quién no tiene miedo vive, y quien vive y se siente vivo es feliz.
Rafael Santamaría
lunes, 20 de abril de 2015
QUEDATE CON LO POSITIVO; original de Rafael Santamaría
Hubo una época en que me dedicaba a recordar todas las frases negativas con las que mis padres me habían negativizando, en especial las de mi padre.
Entonces, recién iniciado en el camino de la meditación me dije a mi mismo a través de mi intuición:
- No es bueno que sólo recuerdes lo negativo, y mucho menos de las personas que te educaron. Como tampoco es bueno que les entregues constantemente tu energía a esos pensamientos recordandolos una y otra vez como si fueran mantras. Cada uno lo hace lo mejor que sabe y puede; como lo haces tú.
Entonces, salpicado por un atisbo de iluminación se me vino a la memoria los buenos recuerdos, los pensamientos positivos, y sus profundas reflexiones.
En particular me vino uno en el que una vez, a punto casi de empezar a derrumbarme (hubo un momento en mi vida que ésta parecía un coladero de problemas) mi padre me dijo:
- Qué no te acongoje nada en la vida; nada! Ni la situación más adversa, ni la experiencia aparentemente más traumatica..., el miedo sólo frena tu aprendizaje.
De aquella conversación solo recuerdo con exactitud la parte que acabo de citar.
Ahora la guardo como un tesoro.
Una herencia de la que estoy sumamente agradecido, mucho más que si me hubiera dejado un gran patrimonio.
Enfocar mi atención en aquella frase, en aquel pensamiento, disuelve mis miedos, pues no es que ahora no tenga miedos, o que mi vida esté exenta de las dificultades con que cada uno de modo particular afronta su día a día, sino que ahora, y todo gracias a mi padre y a mi madre (todos tenemos un lado positivo, todos!, para qué enfocarnos sólo en el lado negativo de las personas?) como decía: sino que ahora, no dejó que se instauren y dominen mi mente.
Los tengo, me vienen, quieren hacerse con el control, pero ya no pueden (ya no me acongojan)
De aquella experiencia la vida me ofreció dos lecciones:
1- Rafael, que nada en la vida te acongoje. Tus miedos sólo están frenando tu apredizaje.
2- Quédate con lo mejor que cada persona te de, y suelta todo lo demás. Sólo así estarás siempre en la frecuencia de lo positivo.
Rafael Santamaría
sábado, 18 de abril de 2015
VIVIENDO EN EL AHORA; original de Rafael Santamaría
Mucha gente busca la felicidad a través de los momentos mágicos que nos ofrece el pasarnoslo bien.
Y muchos optan por recordar ésos instantes, y coleccionandolos, construir a partir de ellos un conjunto de imágenes del pasado (recuerdos) a través de los cuales generar un álbum de buenos y bonitos recuerdos llamado felicidad.
Es como un álbum de cromos.
Y ansiosos por terminar esa colección (su colección) que ellos mismos han ideado (o pensado) que es la felicidad (su felicidad), se apresuran a intentar llenar esa álbum de cuantos más cromos (de bonitos recuerdos) mejor.
Salen en busca de esos momentos dorados que les hacen pasar un buen rato. Cada uno los busca según le dice su forma de pensar (su mente)
Y si el momento, la compañía y el sitio mereció más que la pena, entonces ésa persona guardará ése instante como uno de los bonitos recuerdos de su vida en su álbum de cromos de la felicidad.
Y qué pasa si sale y al salir no se encuentra con bonitos recuerdos para guardar en su colección de "cromos"?
Suele pasar, y muy a menudo, que no siempre uno consigue pasarlo tan bien como quisiera. Cuando es así, esa persona recuerda con nostalgia los días que tiene grabados (que ha coleccionado) en su álbum de la felicidad, y sólo espera que ese día haya sido un simple episodio en su vida, y no un serial, en el cual él no ha sido el protagonista (y por éso no se lo ha pasado bien), porque si se convierte en un serial, esa persona empezaría a buscar culpables de su lastimosa vida, y no pararía hasta enemistarse con más de uno por culpa de su propia enemistad consigo mismo.
Yo también salí y he salido, he visto, he vivido, y he viajado, (no somos tan diferentes, ninguno lo somos) y he coleccionado todos ésos atisbos de felicidad en mi particular álbum de cromos al que también yo llame: mi felicidad. Pero, momentos antes de decidir si iniciarme o no en el camino de la meditación, y mientras las dudas robaban todo el protagonismo a la momentánea lucidez de mi alma, Yoganandaji, mi Maestro, se me apareció intuitivamente y preguntó:
- Eres feliz?
Yo le enseñeme mi álbum, el álbum de recuerdos felices que atesoraba como un triunfo en mi vida.
- Eso es el pasado. Yo te he preguntado que si eres feliz, si eres feliz ahora.
Volví a mostrarle mi álbum como garantía de que al tener según yo muy buenos recuerdos, y muy buenas expectativas de futuro (sueños) con mi vida, yo era feliz.
- Me enseñas algo que sólo está en la memoria, o en su defecto, en la imagen de tu mente. Puedes enseñarme algo que tengas guardado en el amor que hay en tu corazón?
Volví a enseñarle mi álbum; era todo cuanto tenía.
- Entiende que si tu corazón piensa, piense en el futuro o en el pasado, eso da igual, ya no es un corazón, es mente. Pues el corazón no piensa, vive.
El silencio se apoderó de mi. Mi álbum carecía de sentido, pues sólo estaba en mi mente pero...
- Soy feliz cuando contemplo mi álbum - me salió decirle.
- Vives entonces de una huella que deja un recuerdo en tu mente? Por qué no vives mejor en la permanente impronta que deja el vivir en la conciencia en vez de vivir en la mente?
- Cómo sabes qué no vivo en la conciencia? - me aventure a preguntarle - si pienso y medito todo lo que hago.
- Sí tu meditación es pensar, poco meditas tú.
La verdadera conciencia no necesita ni de recuerdos ni de sueños; es decir, no necesita de tus pensamientos. Tú al pensar como piensas generas sueños y recuerdos, de ésta manera jamás tu conciencia estará libre de las ataduras que le ligan a tu mente (a tus pensamientos)
Deja de buscar en lo que quieres que te suceda la alegría de la vida, mejor se alegre, alegre constantemente; el día que lo consigas, no necesitarás de ese álbum, porque no necesitarás recordar, como tampoco soñar; serás feliz siempre; y es que el siempre del que yo te hablo es el ahora en el que tú mente no te deja vivir.
- Y cómo se hace eso?, lo de vivir en el ahora- le pregunté anodadado por su disertación.
- Empieza por meditar, y deja que el resto venga solo.
- Ya, vale; pero y cómo se medita?
- Viviendo en el ahora.
Rafael Santamaría
Y muchos optan por recordar ésos instantes, y coleccionandolos, construir a partir de ellos un conjunto de imágenes del pasado (recuerdos) a través de los cuales generar un álbum de buenos y bonitos recuerdos llamado felicidad.
Es como un álbum de cromos.
Y ansiosos por terminar esa colección (su colección) que ellos mismos han ideado (o pensado) que es la felicidad (su felicidad), se apresuran a intentar llenar esa álbum de cuantos más cromos (de bonitos recuerdos) mejor.
Salen en busca de esos momentos dorados que les hacen pasar un buen rato. Cada uno los busca según le dice su forma de pensar (su mente)
Y si el momento, la compañía y el sitio mereció más que la pena, entonces ésa persona guardará ése instante como uno de los bonitos recuerdos de su vida en su álbum de cromos de la felicidad.
Y qué pasa si sale y al salir no se encuentra con bonitos recuerdos para guardar en su colección de "cromos"?
Suele pasar, y muy a menudo, que no siempre uno consigue pasarlo tan bien como quisiera. Cuando es así, esa persona recuerda con nostalgia los días que tiene grabados (que ha coleccionado) en su álbum de la felicidad, y sólo espera que ese día haya sido un simple episodio en su vida, y no un serial, en el cual él no ha sido el protagonista (y por éso no se lo ha pasado bien), porque si se convierte en un serial, esa persona empezaría a buscar culpables de su lastimosa vida, y no pararía hasta enemistarse con más de uno por culpa de su propia enemistad consigo mismo.
Yo también salí y he salido, he visto, he vivido, y he viajado, (no somos tan diferentes, ninguno lo somos) y he coleccionado todos ésos atisbos de felicidad en mi particular álbum de cromos al que también yo llame: mi felicidad. Pero, momentos antes de decidir si iniciarme o no en el camino de la meditación, y mientras las dudas robaban todo el protagonismo a la momentánea lucidez de mi alma, Yoganandaji, mi Maestro, se me apareció intuitivamente y preguntó:
- Eres feliz?
Yo le enseñeme mi álbum, el álbum de recuerdos felices que atesoraba como un triunfo en mi vida.
- Eso es el pasado. Yo te he preguntado que si eres feliz, si eres feliz ahora.
Volví a mostrarle mi álbum como garantía de que al tener según yo muy buenos recuerdos, y muy buenas expectativas de futuro (sueños) con mi vida, yo era feliz.
- Me enseñas algo que sólo está en la memoria, o en su defecto, en la imagen de tu mente. Puedes enseñarme algo que tengas guardado en el amor que hay en tu corazón?
Volví a enseñarle mi álbum; era todo cuanto tenía.
- Entiende que si tu corazón piensa, piense en el futuro o en el pasado, eso da igual, ya no es un corazón, es mente. Pues el corazón no piensa, vive.
El silencio se apoderó de mi. Mi álbum carecía de sentido, pues sólo estaba en mi mente pero...
- Soy feliz cuando contemplo mi álbum - me salió decirle.
- Vives entonces de una huella que deja un recuerdo en tu mente? Por qué no vives mejor en la permanente impronta que deja el vivir en la conciencia en vez de vivir en la mente?
- Cómo sabes qué no vivo en la conciencia? - me aventure a preguntarle - si pienso y medito todo lo que hago.
- Sí tu meditación es pensar, poco meditas tú.
La verdadera conciencia no necesita ni de recuerdos ni de sueños; es decir, no necesita de tus pensamientos. Tú al pensar como piensas generas sueños y recuerdos, de ésta manera jamás tu conciencia estará libre de las ataduras que le ligan a tu mente (a tus pensamientos)
Deja de buscar en lo que quieres que te suceda la alegría de la vida, mejor se alegre, alegre constantemente; el día que lo consigas, no necesitarás de ese álbum, porque no necesitarás recordar, como tampoco soñar; serás feliz siempre; y es que el siempre del que yo te hablo es el ahora en el que tú mente no te deja vivir.
- Y cómo se hace eso?, lo de vivir en el ahora- le pregunté anodadado por su disertación.
- Empieza por meditar, y deja que el resto venga solo.
- Ya, vale; pero y cómo se medita?
- Viviendo en el ahora.
Rafael Santamaría
lunes, 13 de abril de 2015
CÓMO NACE EL AMOR; original de Rafael Santamaría
- Cómo nace el amor dentro de uno mismo?,papá - me preguntó en cierta ocasión mi hijo.
- A través de albergar y cultivar pensamientos llenos de amor, hijo mío.
- Entonces, si es a través de pensamientos, papá..., el amor nace en la mente?
- Tu mente, a través de tus pensamientos, irradia lo que hay en tu corazón.
Si tu corazón está "envenenado" de ego, y siempre dependiendo del grado de envenenamiento que tenga tu corazón de ego, tu mente proyectará pensamientos de egoísmo y envidia, entre otros muchos pensamientos negativos que tendrás, sobre tu vida, tus circunstancias, y las personas que te rodeas.
Pero si tu corazón está limpio de ego, de él y hacia tu mente emanaran pensamientos de pura compasión, de puro amor.
- Ósea, que nace en el corazón?
- Las raíces del amor están enterradas en tu alma, crecen y echan tallo en tu corazón, y florecen y dan su fruto a través de tus pensamientos.
Pero cuidado con las malas hierbas, hijo mío, pues éstas si no se podan a tiempo pueden terminar pudriendo, no sólo la hoja: el fruto, sino, y con el tiempo, el tallo y a veces hasta la raíz.
Rafael Santamaría
viernes, 10 de abril de 2015
EL BIEN ES PARA SIEMPRE; original de Rafael Santamaría
- Papá, algún día seré como tú? - me preguntó en cierta ocasión mi hijo.
- No crees que con que ya haya uno como yo es suficiente?, hijo mío. Mejor se tú mismo.
- Y si no te gusta como soy cuando sea mayor?, papá.
- Mi tarea como padre no es que me guste o no lo que son o serán mis hijos cuando seáis mayores, mi tarea como padre es aceptaros tal y como sois para demostraros así mi amor.
- Y si me convirtiera en una mala persona?
- Entiende entonces hijo mío que a buen seguro será en esos momentos turbulentos de tu conciencia cuando más me necesites a tu lado aceptándote tal y como eres.
- Pero seré malo!, papá.
- El mal es algo temporal, hijo mio. El bien es para siempre; sino fíjate en la inmortalidad de Dios.
Rafael Santamaría
LA FELICIDAD ES SIMPLE; original de Rafael Santamaría
En los detalles más simples de la vida se encuentra oculta la tan para nosotros compleja felicidad que buscamos engorronandonos de sueños y deseos materiales.
Una vez fui al cine de la mano de una mujer que amaba.
Coincidió que no quedaban entradas para la película que queríamos ver.
Por aquél entonces, hace ya muchos, muchos años, casi se podría decir que recién estrenada mi adolescencia, no existían los multicines.
- Y ahora qué hacemos? - me preguntó.
- Seguir de la mano - le contesté.
Y es aún hoy en día cuando me miró mis manos que todavía puedo ver las suyas.
La felicidad es simple; eres tú el que haces que sea compleja.
Rafael Santamaría
Una vez fui al cine de la mano de una mujer que amaba.
Coincidió que no quedaban entradas para la película que queríamos ver.
Por aquél entonces, hace ya muchos, muchos años, casi se podría decir que recién estrenada mi adolescencia, no existían los multicines.
- Y ahora qué hacemos? - me preguntó.
- Seguir de la mano - le contesté.
Y es aún hoy en día cuando me miró mis manos que todavía puedo ver las suyas.
La felicidad es simple; eres tú el que haces que sea compleja.
Rafael Santamaría
MEDITA CON EL CORAZÓN; original de Rafael Santamaría
En cierta ocasión, alguien me sugirió que por qué no meditabamos juntos. No me pareció mala idea (por qué iba a serlo) Así que no me opuse.
Pero después de más o menos llevar una hora incolumes en perfecta quietud, aquella persona rompió el sepulcral silencio que nos acompañaba preguntándome:
- No te cansas? Llevamos una hora.
A lo que yo le contesté.
- Debes meditar con el corazón. Tú meditas con la mente. Y tu mente se cansa porque ya la traes cansada de la vida que llevas.
- Y cómo se medita con el corazón? A mi me han enseñado a...
- No sigas - dije interrumpiendole - Amando.
Rafael Santamaría
Pero después de más o menos llevar una hora incolumes en perfecta quietud, aquella persona rompió el sepulcral silencio que nos acompañaba preguntándome:
- No te cansas? Llevamos una hora.
A lo que yo le contesté.
- Debes meditar con el corazón. Tú meditas con la mente. Y tu mente se cansa porque ya la traes cansada de la vida que llevas.
- Y cómo se medita con el corazón? A mi me han enseñado a...
- No sigas - dije interrumpiendole - Amando.
Rafael Santamaría
miércoles, 1 de abril de 2015
MEDITA; original de Rafael Santamaría
Imagina la pantalla de un cine (esa pantalla es tu mente) Esa pantalla por defecto está en blanco, lo que sucede es que cuando se proyectan sobre ella imágenes (pensamientos) y se apagan las luces (la luz de nuestra alma al poner la atención en nuestra mente) la pantalla se podría decir que cobra vida: es la magia del cine (es nuestra propia magia)
E inmersos en nuestra propia película nos olvidamos de que estamos en un cine (de que ésta no es la verdadera vida) Y sólo cuando se encienden de nuevo las luces porque ha terminado la película (sólo cuando nuestro cuerpo físico muere) es cuando nos damos cuenta de que estábamos en un cine (de que estábamos viviendo la experiencia de esta vida para aprender de ella según es la demanda evolutiva de nuestra conciencia)
He estado en muchos cines (mi alma se ha encarnado muchas veces) He visto muchas películas (he vivido infinidad de experiencias), y he interpretado sin duda una gran variedad de personajes desde mi andadura en ésta mi evolución espiritual que seguro van desde el más despiadado asesino hasta el mártir que dio su vida por una noble causa; pero creo que tomando conciencia de quiénes somos ha llegado la hora de abandonar la faceta de actor (ego), y dejar el mundo del espectáculo, de la fama, del cotilleo,..., y regresar con toda la experiencia acumulada, con todo el bagaje como actor, al momento antes de convertirnos en artistas de cine.
Regresemos a nuestro Hogar dejando la mente en blanco.
Medita.
Rafael Santamaría
domingo, 29 de marzo de 2015
LA LUCHA; original de Rafael Santamaría
- Tú no puedes vencer algo a lo que te estás enfrentando continuamente, en todo caso, en alguna ocasión podrás derrotarlo momentáneamente, pero así no lo vencerás, pues tu enemigo se alimenta de tu continúa pugna con él. Si de verdad quieres vencerlo, deja de luchar contra él.
Escucha bien hijo mío, en cierta ocasión una persona me echó un "ordago" en la vida...
- Qué es un ordago?, papá
- Como una especie de pulso donde cada uno a través de las cartas que tiene, y su destreza en el juego, mide sus fuerzas con aquellos contra los que está jugando una partida de cartas que se llama mus; más o menos es éso. Y yo se lo vi. Le vi el ordago a aquella persona, hijo. Es más, te puedo decir que le gané aquella partida. Pero el juego continuó, y mientras continúe el juego, siempre habrá otras partidas, con sus ordagos o no, quién sabe.
Hijo mío, nunca ganas nada si sigues jugando al juego de alguien, pues al final siempre acabas perdiendo tú.
Cinco años de mi vida pasaron desde que tomé conciencia de éste pensamiento hasta que lo interiorice.
Y cuando aquella persona de nuevo me echó un ordago en la vida, un pulso, sabes qué hice?
- Qué hiciste?, papá.
- Dejé las cartas encima de la mesa y nunca más jugué con aquella persona, metafóricamente hablando, claro.
Abandoné la partida, abandoné mi lucha con aquella persona. Todas las batallas, todas las disputas, desaparecieron.
Te puedo asegurar que fue entonces cuando puedo decir ahora que yo si que verdaderamente gané a aquella persona, o en su defecto a mi, a mi en mi lucha con aquella persona, al no entrar nunca más en "aquella partida", al no entrar nunca más en aquel "juego".
Las guerras nunca se acaban si necesitas de un ejército para mantener la paz, hijo mío.
Entiende que toda lucha por mantener la calma es inútil; pues la verdadera calma se manifiesta sólo cuando ha cesado por completo todo tipo de lucha.
Lo entiendes?, hijo mío.
- No sé si lo he entendido, papá
- Bueno, no te preocupes hijo mío, que las cosas no se entienden hasta que uno no las interioriza a través de su propia experiencia con ellas.
Rafael Santamaría
Escucha bien hijo mío, en cierta ocasión una persona me echó un "ordago" en la vida...
- Qué es un ordago?, papá
- Como una especie de pulso donde cada uno a través de las cartas que tiene, y su destreza en el juego, mide sus fuerzas con aquellos contra los que está jugando una partida de cartas que se llama mus; más o menos es éso. Y yo se lo vi. Le vi el ordago a aquella persona, hijo. Es más, te puedo decir que le gané aquella partida. Pero el juego continuó, y mientras continúe el juego, siempre habrá otras partidas, con sus ordagos o no, quién sabe.
Hijo mío, nunca ganas nada si sigues jugando al juego de alguien, pues al final siempre acabas perdiendo tú.
Cinco años de mi vida pasaron desde que tomé conciencia de éste pensamiento hasta que lo interiorice.
Y cuando aquella persona de nuevo me echó un ordago en la vida, un pulso, sabes qué hice?
- Qué hiciste?, papá.
- Dejé las cartas encima de la mesa y nunca más jugué con aquella persona, metafóricamente hablando, claro.
Abandoné la partida, abandoné mi lucha con aquella persona. Todas las batallas, todas las disputas, desaparecieron.
Te puedo asegurar que fue entonces cuando puedo decir ahora que yo si que verdaderamente gané a aquella persona, o en su defecto a mi, a mi en mi lucha con aquella persona, al no entrar nunca más en "aquella partida", al no entrar nunca más en aquel "juego".
Las guerras nunca se acaban si necesitas de un ejército para mantener la paz, hijo mío.
Entiende que toda lucha por mantener la calma es inútil; pues la verdadera calma se manifiesta sólo cuando ha cesado por completo todo tipo de lucha.
Lo entiendes?, hijo mío.
- No sé si lo he entendido, papá
- Bueno, no te preocupes hijo mío, que las cosas no se entienden hasta que uno no las interioriza a través de su propia experiencia con ellas.
Rafael Santamaría
jueves, 26 de marzo de 2015
LA HISTORIA DE LA VIDA; original de Rafael Santamaría
(a mis hijos: fuente de toda mi inspiración)
- Papá, cuéntanos otra vez "la historia de la vida" - así la había pasado a denominar mi hija.
- Sí, papá; cuentanosla otra vez.
- Está bien. A ver..., con la finalidad de amarnos Dios creo la sensibilidad del corazón, y a aquello le puso su propio nombre: Amor.
Pero también creo la mente: con la finalidad de que tuviéramos un discernimiento en el mundo de nuestros pensamientos.
Más el hombre, llevado por su ignorancia, llegó a pensar que lo sabia todo gracias al uso que empezó a hacer de su discernimiento. Y sumido en la arrogancia del pensamiento, se olvidó del motivo de su existencia: amarnos los unos a los otros a través de la sensibilidad del corazón: el amor.
Cuando aquel olvido tomó forma, el hombre confundió aquella forma del olvido: el ego, con su esencia: su verdadera naturaleza, y creyendo que él era éso vivió confundido dejándose confundir por sus pensamientos; los pensamientos del ego.
Pero la mente de Dios, que todo lo observa, conocía de ante mano lo que sucedería, así pues, tras la mente del hombre situó una conciencia desprovista de todo pensamiento y de la acción de pensar, y a través de ella Dios ideó un estrecho vínculo que uniría dicha conciencia al corazón: el conocimiento de uno mismo.
Así y de ésta manera ideó Dios un plan para que el hombre encontrará de nuevo su propósito en la vida: amarnos los unos a los otros, a través del despertar de aquella conciencia a través del conocimiento de uno mismo.
Rafael Santamaría
- Papá, cuéntanos otra vez "la historia de la vida" - así la había pasado a denominar mi hija.
- Sí, papá; cuentanosla otra vez.
- Está bien. A ver..., con la finalidad de amarnos Dios creo la sensibilidad del corazón, y a aquello le puso su propio nombre: Amor.
Pero también creo la mente: con la finalidad de que tuviéramos un discernimiento en el mundo de nuestros pensamientos.
Más el hombre, llevado por su ignorancia, llegó a pensar que lo sabia todo gracias al uso que empezó a hacer de su discernimiento. Y sumido en la arrogancia del pensamiento, se olvidó del motivo de su existencia: amarnos los unos a los otros a través de la sensibilidad del corazón: el amor.
Cuando aquel olvido tomó forma, el hombre confundió aquella forma del olvido: el ego, con su esencia: su verdadera naturaleza, y creyendo que él era éso vivió confundido dejándose confundir por sus pensamientos; los pensamientos del ego.
Pero la mente de Dios, que todo lo observa, conocía de ante mano lo que sucedería, así pues, tras la mente del hombre situó una conciencia desprovista de todo pensamiento y de la acción de pensar, y a través de ella Dios ideó un estrecho vínculo que uniría dicha conciencia al corazón: el conocimiento de uno mismo.
Así y de ésta manera ideó Dios un plan para que el hombre encontrará de nuevo su propósito en la vida: amarnos los unos a los otros, a través del despertar de aquella conciencia a través del conocimiento de uno mismo.
Rafael Santamaría
martes, 10 de marzo de 2015
EL BOSQUE; original de Rafael Santamaría
- Me pierdo al no encontrarme, y la sensación de estar perdido me invita a dejar de buscarme. Qué debo hacer? - me preguntó alguien en cierta ocasión.
La respuesta requería de unos minutos de silencio tras los cuales:
- Está bien. Imagina que estás en un gran, gran bosque; e imagina que estás perdido y desorientado. Qué harías? Te quedarías quieto, o buscarías un camino: tu camino, que te sacase de aquel frondoso bosque?
- Buscarla un camino.
- Y no crees que muy probablemente mientras lo buscas te sentirías perdido?
- Si.
- Y cómo crees que saldrías de ese bosque: encontrando un camino?, cuando quizás el bosque no tenga caminos, o encontrando tú tu propio camino?, tu propia forma de salir de ese bosque.
- Encontrando yo mi propia forma de salir de ése bosque.
- Y no crees, o intuyes, que mientras permaneces en ese bosque y estás averiguando el camino: tu particular camino con el que pretendes salir de ese bosque tan sólo porque no conoces ese bosque y el no conocerlo te provoca esa inseguridad que te hace sentirte perdido, el andar por los parajes de ese bosque te invitaría a conocer mejor ése bosque hasta tal punto que quizá algún día ése bosque ya no sea entonces un completo desconocido para ti y puedas entrar y salir de ése bosque a voluntad?
- Sí, puede ser.
- Pues si puede ser, como tú dices, date cuenta entonces de que no estás perdido, sino que tan sólo estás conociendo tu bosque: te estás conociendo a Ti.
Vas por el buen camino aunque tú no lo sepas o no te des cuenta. Continúa así. Sigue con tu camino. Conoce el bosque adentrandote en él. Ése es el camino.
Rafael Santamaría
La respuesta requería de unos minutos de silencio tras los cuales:
- Está bien. Imagina que estás en un gran, gran bosque; e imagina que estás perdido y desorientado. Qué harías? Te quedarías quieto, o buscarías un camino: tu camino, que te sacase de aquel frondoso bosque?
- Buscarla un camino.
- Y no crees que muy probablemente mientras lo buscas te sentirías perdido?
- Si.
- Y cómo crees que saldrías de ese bosque: encontrando un camino?, cuando quizás el bosque no tenga caminos, o encontrando tú tu propio camino?, tu propia forma de salir de ese bosque.
- Encontrando yo mi propia forma de salir de ése bosque.
- Y no crees, o intuyes, que mientras permaneces en ese bosque y estás averiguando el camino: tu particular camino con el que pretendes salir de ese bosque tan sólo porque no conoces ese bosque y el no conocerlo te provoca esa inseguridad que te hace sentirte perdido, el andar por los parajes de ese bosque te invitaría a conocer mejor ése bosque hasta tal punto que quizá algún día ése bosque ya no sea entonces un completo desconocido para ti y puedas entrar y salir de ése bosque a voluntad?
- Sí, puede ser.
- Pues si puede ser, como tú dices, date cuenta entonces de que no estás perdido, sino que tan sólo estás conociendo tu bosque: te estás conociendo a Ti.
Vas por el buen camino aunque tú no lo sepas o no te des cuenta. Continúa así. Sigue con tu camino. Conoce el bosque adentrandote en él. Ése es el camino.
Rafael Santamaría
jueves, 19 de febrero de 2015
LA TECNICA DE LA RESPIRACIÓN; original de Rafael Santamaría
El mentalismo nos habla de que el alma podría ser nuestro subconsciente. Una manera de acceder al subconsciente es entrar en los actos que hacemos de manera inconsciente, es decir, a través del subconsciente.
La respiración se efectúa de manera inconsciente, al igual que muchos de nuestros actos que realizamos de manera inconsciente a través de los distintos programas que nuestro ego ha grabado en nuestro subconsciente y que de manera automática nos condicionan a reaccionar de tal o cual manera, creando así la apariencia de un personaje con el que nos identificamos mientras estemos identificados con nuestro ego.
Tomar conciencia de nuestra respiración a través de la meditación nos invita a tomar conciencia de nuestro subconsciente, es decir, nos esta invitando a tomar conciencia de nuestra verdadera identidad, de quienes somos en verdad, cuando conseguimos darnos cuenta de toda la programación existente en nuestro subconsciente, y a través del sencillo método de la observación reseteamos toda esa información.
Rafael Santamaría
La respiración se efectúa de manera inconsciente, al igual que muchos de nuestros actos que realizamos de manera inconsciente a través de los distintos programas que nuestro ego ha grabado en nuestro subconsciente y que de manera automática nos condicionan a reaccionar de tal o cual manera, creando así la apariencia de un personaje con el que nos identificamos mientras estemos identificados con nuestro ego.
Tomar conciencia de nuestra respiración a través de la meditación nos invita a tomar conciencia de nuestro subconsciente, es decir, nos esta invitando a tomar conciencia de nuestra verdadera identidad, de quienes somos en verdad, cuando conseguimos darnos cuenta de toda la programación existente en nuestro subconsciente, y a través del sencillo método de la observación reseteamos toda esa información.
Rafael Santamaría
martes, 17 de febrero de 2015
viernes, 13 de febrero de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
SIEMPRE PENSE....; original de Rafael Santamaría
Siempre pensé que realizarse a sí mismo era estar en comunión con Dios. Pero cómo puedo estar en comunión con Dios, si no conozco a ningún Dios?
En el transcurso de mis meditaciones descubrí que observando mi mente observaba mis pensamientos y mis reacciones. Y un buen día me pregunté: - De quién son esos pensamientos y esas reacciones? - en su momento la pregunta no obtuvo respuesta, pero fue observando éstos pensamientos y éstas reacciones como fui descubriendo a mi ego.
Y si él son mis pensamientos y mis reacciones; entonces cuando le observo, quién soy yo? Quién es el yo que le observa? - me volví a preguntar.
Conocerle (a mi ego) conllevó la ardua y noble tarea de no sólo meditar, sino de observarme a mi mismo constantemente y en todo momento.
Tuve que volverme conciencia para no ser como mi mente piensa, para no ser él.
Vencer a mi ego era retirarle mi atención allí donde él quería que se la prestara para seguir con el control que ejercía sobre mi. Era retirarle el poder de la atención (mi poder) que tenia constantemente depositada en él. Pero cómo?, cómo podía hacerlo? A dónde debía llevar mi atención para no entregársela a él? Acaso me bastaba tan sólo con observarle para no entregarle mi atención?
Reconozco que en algunos aspectos y momentos de mi vida la lucha con él fue encarnizada; los hábitos, las costumbres sociales, los apegos y los miedos, han sido siempre sus mejores armas; y si me identificaba con ellos, de nuevo estaba bajo la influencia de su tiranía.
Pude ver más de una vez como creyendo haberlo vencido aún estaba dentro de sus dominios debido a mis justificaciones.
Te engañas, y otra vez estás bajo su yugo.
Pero a quién engañas cuando te engañas? - me preguntaba una y otra vez - a ti mismo? Y quién es ése ti mismo?
El encontrar a través de la meditación una conciencia más allá de los pensamientos que constituyen la mente me hizo tener algo a lo que "agarrarme" para poder salir del entorno de la influencia de mi ego.
Entonces me pregunté: mi conciencia es observación?, o dicho de otra manera: trabajando la observación de mis pensamientos y reacciones soy o me hago conciencia?
Vivir en ésa conciencia más allá de mi mente y mis pensamientos a través de mi meditación me daba paz, una indescriptible y nunca antes vivida paz.
Pero la paz duraba poco, pues mi ego era más fuerte. Llevaba muchos años de convivencia con él, tantos, que me parecía que no sabría vivir sin él.
Mi paz, esa paz que me aportaba vivir cada circunstancia, cada momento de mi vida desde la observación, siempre había estado ahí, pero nunca había dirigido mi atención hacia allí con la firme intención de vivir constantemente en ella. Por qué? - me pregunté - porque me había vuelto adicto; sí, pero adicto a qué?. Mi cuerpo se había vuelto adicto a la adrenalina que mis enfermizas reacciones generaban cuando reaccionaba como mi ego quería que reaccionase.
Mentalmente estaba apegado a él, a mi ego, y físicamente, mi cuerpo se había vuelto adicto al consumo de las sustancias químicas que se generaban como consecuencia de las reacciones emocionales que tenia cuando me dejaba influir o escuchaba la voz de mi ego.
Esta desintoxicación, tanto mental como física, requiere de un período de "duelo" mayor que al que invita cualquier otra adicción conocida por el hombre. De hecho éste periodo de duelo, o de separación de tu falso yo, puede durar, y de hecho dura, vidas, tantas, como necesites para una toma de conciencia de que tú no eres tu ego.
Y si no soy mi ego entonces quién o qué soy? - me pregunté. La respuesta aparece por si sola llegado este mágico momento de la evolución espiritual: Simplemente ERES.
Cuando vives en la conciencia que todo lo observas, empiezas a conocer intuitivamente el paralelismo entre tú y la Conciencia que te creo.
La deidad de una conciencia que lo abarca todo empieza a cobrar forma dentro de tu corazón bajo un sentimiento de compasión hacia todo. Es entonces cuando empiezas a sentir lo que cuando era niño me enseñaron a llamar Dios.
Y es cuando ves las cosas desde esta percepción de ese Dios conciencia interna tuya libre de todo ego, cuando éstas viendo las cosas como Dios las ve.
Entonces tu conciencia unida a la Conciencia que la creo forman un Todo indivisible salvo para aquellos que aún lo hacen divisible debido a su ego o falsa separación que da coherencia a su sentido de individualidad.
Y es ahora cuando llegado ese momento intuyo que se podría decir que te has realizado a ti mismo, o lo que es lo mismo, que tu conciencia está en comunión con la conciencia que la creo o Dios.
Rafael Santamaría
jueves, 15 de enero de 2015
NUESTROS MIEDOS; original de Rafael Santamaría
En cierta ocasión, un hombre que caminaba por el campo resbaló con tan mala suerte que cayó por un precipicio; claro está, que quien camina por sendas peligrosas se expone a que le sucedan éste tipo de cosas.
Y a punto estuvo de descalabrarse si no hubiera sido porque la fortuna quiso que quedará enganchado a una rama.
Viendo que la rama iba a ceder, aquel hombre estiró como pudo su brazo y alcanzó a agarrarse a una rama más segura y más fuerte.
Y agarrado a ésta rama aguardó pensando: "Aquí estoy seguro. Está rama aguantará hasta que aparezca alguien"
Y aunque las horas pasaron, así fue, alguien apareció.
Cómo no dejaba de pedir auxilio, sus gritos los escucharía primeramente un niño. Pero ni la fuerza de aquel infante podía sacarle, como tampoco aquel inocente crío estaba dotado de la suficiente inteligencia como para diseñar un plan de rescate.
Más tarde aparecería un anciano. Y sucedió que tampoco éste pudo ayudarle por los mismos motivos que los del niño.
Y al final paso un hombre de aspecto fornido. Había llegado su salvador.
Y cuando aquel hombre se disponía a ayudarle, nuestro protagonista observó que tenía un problema: pues para poder agarrarse a la mano del fornido hombre debía soltar primero la rama del árbol a la que estaba sujeto.
- Dame la mano! - gritó aquel fornido samaritano.
Pero los miedos de aquel hombre no le permitían soltarse de la rama.
- Y si no me cojes? - preguntaba atemorizado.
- Pero...
- Y si me resbalo...?
Parece ser que tanto tiempo había pasado sujeto a aquella rama que su mente se había envenenado de miedos, y por eso temía tanto soltar aquella rama.
- Vas a vivir toda la vida sujeto a ésa rama? - le preguntó el fornido hombre.
- Ya pasara alguien que me pueda ayudar.
- Yo soy ese alguien que te puede ayudar.
- No, tú no puedes.
Los lugareños que saben de esta historia creen que los miedos de aquel hombre eran tan fuertes: se los había llegado a creer de tal manera, que no le permitían ver ni la generosidad con la que la madre naturaleza había colmado físicamente a aquel portento de hombre para poder rescatarlo, ni como la divina providencia había enviado a aquel fornido samaritano en su ayuda.
Y así, nuestro "salvador", viendo que nada haría cambiar de parecer los miedos de aquel hombre, en vez de intentar rescatarlo decidió ir en busca de más ayuda.
Al cabo de una hora llegaría un equipo de rescate. Y lo rescató, sí. Más has de saber que aquél hombre jamás pudo soltar la rama a la que estaba sujeto: sus miedos no se lo permitieron. Tuvieron que cortar la rama para poder rescatarle.
Así son nuestros miedos.
Así son nuestros apegos.
Como la rama de aquel árbol y el miedo a soltarla.
Queremos ser libres.
Queremos que alguien nos rescate, que nos salve de nuestra miseria.
Alguien como el fornido samaritano de esta historia.
Más luego, somos incapaces de dejarnos ayudar porque en verdad nos hemos vuelto cómodos y conformistas allí dónde estamos debido a nuestros miedos, complejos e inseguridades.
Nos tienen que rescatar agarrados a "nuestra, o nuestras " ramas. Éso, si antes la muerte no nos arranca de la vida con rama (miedos) incluida.
Todo está en tu mente.
Rafael Santamaría
Y a punto estuvo de descalabrarse si no hubiera sido porque la fortuna quiso que quedará enganchado a una rama.
Viendo que la rama iba a ceder, aquel hombre estiró como pudo su brazo y alcanzó a agarrarse a una rama más segura y más fuerte.
Y agarrado a ésta rama aguardó pensando: "Aquí estoy seguro. Está rama aguantará hasta que aparezca alguien"
Y aunque las horas pasaron, así fue, alguien apareció.
Cómo no dejaba de pedir auxilio, sus gritos los escucharía primeramente un niño. Pero ni la fuerza de aquel infante podía sacarle, como tampoco aquel inocente crío estaba dotado de la suficiente inteligencia como para diseñar un plan de rescate.
Más tarde aparecería un anciano. Y sucedió que tampoco éste pudo ayudarle por los mismos motivos que los del niño.
Y al final paso un hombre de aspecto fornido. Había llegado su salvador.
Y cuando aquel hombre se disponía a ayudarle, nuestro protagonista observó que tenía un problema: pues para poder agarrarse a la mano del fornido hombre debía soltar primero la rama del árbol a la que estaba sujeto.
- Dame la mano! - gritó aquel fornido samaritano.
Pero los miedos de aquel hombre no le permitían soltarse de la rama.
- Y si no me cojes? - preguntaba atemorizado.
- Pero...
- Y si me resbalo...?
Parece ser que tanto tiempo había pasado sujeto a aquella rama que su mente se había envenenado de miedos, y por eso temía tanto soltar aquella rama.
- Vas a vivir toda la vida sujeto a ésa rama? - le preguntó el fornido hombre.
- Ya pasara alguien que me pueda ayudar.
- Yo soy ese alguien que te puede ayudar.
- No, tú no puedes.
Los lugareños que saben de esta historia creen que los miedos de aquel hombre eran tan fuertes: se los había llegado a creer de tal manera, que no le permitían ver ni la generosidad con la que la madre naturaleza había colmado físicamente a aquel portento de hombre para poder rescatarlo, ni como la divina providencia había enviado a aquel fornido samaritano en su ayuda.
Y así, nuestro "salvador", viendo que nada haría cambiar de parecer los miedos de aquel hombre, en vez de intentar rescatarlo decidió ir en busca de más ayuda.
Al cabo de una hora llegaría un equipo de rescate. Y lo rescató, sí. Más has de saber que aquél hombre jamás pudo soltar la rama a la que estaba sujeto: sus miedos no se lo permitieron. Tuvieron que cortar la rama para poder rescatarle.
Así son nuestros miedos.
Así son nuestros apegos.
Como la rama de aquel árbol y el miedo a soltarla.
Queremos ser libres.
Queremos que alguien nos rescate, que nos salve de nuestra miseria.
Alguien como el fornido samaritano de esta historia.
Más luego, somos incapaces de dejarnos ayudar porque en verdad nos hemos vuelto cómodos y conformistas allí dónde estamos debido a nuestros miedos, complejos e inseguridades.
Nos tienen que rescatar agarrados a "nuestra, o nuestras " ramas. Éso, si antes la muerte no nos arranca de la vida con rama (miedos) incluida.
Todo está en tu mente.
Rafael Santamaría
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